martes, 7 de julio de 2020

UN DÍA MÁS




La ventana mostraba una plaza poco iluminada, rincón para el encuentro de enamorados, pensó… recordando tiempos ya idos.

Acababa de ducharse, sostenía con una mano una taza de té caliente, con la otra despejaba el vidrio empañado, la temperatura afuera estaría por debajo de los cero grados…estaba parada allí, tratando de olvidar lo sucedido aquella tarde, en que la suerte no estuvo de su lado, como estaba acostumbrada. Escuchó la música de su celular…masculló un impropio…no le permitían unos pocos momentos de privacidad...

Escuchó la conocida voz metálica…-La fiesta es de gala, el tren parte hoy a las 20.10-

Arrojó con rabia el celular a la cama, miró el reloj impávido que la miraba desde la pared, revelaba la actualidad, 18.30. Le quedaba poco tiempo para prepararse. Eligió un vestido negro, zapatos de taco alto, un chal color fucsia. Luego de un maquillaje rápido y sencillo, llamó a la conserjería para pedir un taxi.

Bajó, aprovechó para comprar unos caramelos de menta en el kiosko del hall de entrada, y aguardó que le avisen cuando llegue el taxi.

Una menuda llovizna comenzó a caer cuando ella salió del hall del hotel para dirigirse a la fiesta.

    -¿Para dónde va la señorita? – preguntó el taxista.

    -A la estación del tren- respondió.

A lo largo del camino desfilaba gente a pie, otros en bicicleta y los más en vehículos de distintas marcas y precios ostentando, quizá, algo de lo cual carecían. La música que había puesto el taxista para hacer el viaje más agradable obraba en ella un gran poder evocador, llevaba en sus notas la dulzura y amargura de los tiempos idos. Abrió la ventana del vehículo y un viento triste, como un niño perdido, le golpeó el rostro robándole los pensamientos. Sintió que las lágrimas asomaban a sus ojos, ocultó su cara entre las manos y suspiró haciendo un esfuerzo por apartar de su mente aquellos recuerdos diciéndose que el destino no podía obligarla a lo que ella no quisiera.

La voz del taxista la sacó de sus rememoraciones…

-Llegamos a destino, señorita.

Pagó el costo del viaje, agradeció al taxista, tomó su maleta, y enfiló a la estación.

A los escasos minutos de ubicarse en su compartimiento reservado, vibró su celular… no dudó que le controlaban sus pasos, como era acostumbrado.

    -Debajo del asiento encontrarás lo necesario- dijo la voz inconfundible de su jefe. Corta y concisa la llamada.

Se inclinó… y como estaba previsto encontró un estuche de cuero. No lo sacó del escondite, pues sabía que debería aparecer en un corto tiempo, el empleado que verificaba los boletos. En unos cortos segundos golpearon la puerta, apareció una joven uniformada reclamando el boleto, lo selló, agradeció y desapareció.

Sin pérdida de tiempo, cerró el pestillo que trababa la puerta. Ahora, ya tranquila y segura, recogió el estuche.

Excelente obra de un experto. En apariencia, unos inofensivos prismáticos pequeños.

Entre medio de los lentes, un diminuto compartimiento para el proyectil; en este caso un casi imperceptible alfiler. En el costado derecho un pequeño soporte por medio del cual se sujetaría el aparatejo mientras se observara el objetivo; muy bien disimulado, un resorte casi invisible, accionaría el sistema, que dispararía el dardo fatal, al accionarlo con la presión de un dedo.

Ahora, después de guardar el estuche en su bolso de mano, sólo restaba llegar a destino, y con seguridad recibirá allí, las instrucciones pertinentes.

De acuerdo a lo averiguado, llegaría en un par de horas a la ciudad vecina.

Una vez más…esta rutina la sacaba de quicio…y así de repente flotó la pregunta que la agobiaba durante un tiempo, ¿hasta cuándo?

El tren llegó puntualmente, una espesa niebla cubría la ciudad, unos faroles iluminaban la estación donde apenas se lograba ver los rostros de las personas que allí se encontraban, esperando o dejando algún familiar o amigo. De repente, escuchó una voz que la llamaba por su nombre, era un hombre de fisonomía agradable, vestía chaqueta café y pantalones rayados.

    -¡Acompáñeme!, soy el secretario del señor Adams, anfitrión de la fiesta que se llevará a cabo en el hotel de su propiedad. Permítame su equipaje, su habitación es la 302 y la fiesta comenzará en unos veinte minutos, por tanto tiene el tiempo justo para cambiarse.

Mientras se vestía, repasaba sus pensamientos y meditaba acerca de todo lo que tendría que realizar para que la orden de su jefe cumpliese el objetivo de su viaje, sabía que desde un principio debía mostrarse clara, activa y sociable para lograr, desde un comienzo, una buena impresión.

De pronto, escucha unos pasos acercándose sigilosamente a la puerta de su habitación, se acercó con cautela para mirar por el “ojo de buey” y comprobó que algo obstruía la visión.

Sus antenas entraron en acción. Corrió con destreza alejándose de la puerta…llegó hasta la mesa donde había dejado el bolso de mano, tomó el arma, sacó el seguro, la cargó, con unos cortos y silenciosos pasos se ubicó a un costado del armario, y espero…

Su vista y oído se centraron en la puerta de entrada, creyó escuchar que alguien probaba el cerrojo, captó que introducían una tarjeta para desactivar el seguro electrónico. No espero posibles e inesperadas sorpresas, se arrojó cuerpo a tierra, apuntó el arma hacia la puerta…escasos segundos y la puerta comenzó a separarse del marco…lo primero que vio fue un pequeño silenciador, esperó…una mano y luego una silueta enmascarada…ese era el momento, no dudó y apretó el gatillo…un agudo silbido cruzó el aire de la habitación…un cuerpo se desplomó abriendo la puerta de par en par.

El cuerpo yacía sobre el piso alfombrado, Arlette se inclinó sobre él, recorrió con sus hábiles manos todo el cuerpo sin encontrar herida alguna y se dijo a sí misma “No está muerto, sino simplemente aturdido”.

Luego de un rato escuchó sonidos de voces y pasos, sigilosamente salió de su habitación abandonando el hotel poco después de las 21:30.

Se dirigió caminando hacia la calle Libertad, que estaba atestada de gente, y abordó un bus que se desplazaba a bastante velocidad.

Era una mujer muy ágil, por tanto, no le costó mucho saltar al vehículo que estaba en movimiento, con gran indignación del conductor. Pagó rápidamente su pasaje y se bajó seis cuadras más allá cuando las luces del semáforo detuvieron el tránsito.

Todo indicaba que ya estaba lejos. Espero la pasada de un taxi, unos minutos fueron suficientes, subió y sin titubear, solicitó llegar al Aeropuerto Chico.

Llegaron…abonó el viaje, bajó del vehículo y sin prisa caminó hasta la entrada del edificio. A esas horas, no era mucho el movimiento; era un pequeño aeropuerto de aviones particulares. Se dirigió al bar, pidió un café. Mientras lo saboreaba, marcó el número clave en su celular. Escuchó la música acostumbrada, solo pronunció las dos palabras acordadas, -Nueva madrugada-

Pasaron escasos diez minutos, una atractiva mujer, con uniforme del personal aéreo, se acercó a ella, y expresó –Su avión ya está listo, sígame por favor-

Mientras subía las escalinatas del pequeño avión, respiró hondo…en su mente le pareció escuchar una voz…pero no le dio importancia, sonrió y entró. El reloj de abordó indicaba 23:10, cuando levantó vuelo.

La llamada de la noche, la intensa rememoración de todo lo que le ha ocurrido, el peligro que la ha acechado y oprimido le trae a Arlette la nostalgia de los años idos mientras sus ojos se nublan en un reprimido llanto. El reloj avanzaba demasiado lento, una marea de recuerdos novelescos aflora a su mente, se presenta ante ella imágenes de todo lo vivido que convertía sus pesadumbres, trabajos, desengaños, afecciones, conflictos y alegrías en un cántico a la vida y también en pasajes llenos de amargas cenizas. Hacía esfuerzos para encontrarse a sí misma, para cumplir de algún modo la verdadera misión de su vida y no para seguir alejándose de ella.

La una y veinte de la madrugada, la luz dentro del avión la sacó de sus meditaciones, este ya comenzaba a trazar círculos sobre el aeropuerto para su aterrizaje. Tierra firme, llega a su casa, se recuesta, cierra los ojos y aun cuando su cuarto está en tinieblas siente que la vida vuelve a brillar ante ella más bella que nunca.

¡Un día más…!




|||||||||||||||||



Autores

María Cristina Sforzini Sepúlveda (Chile)

Beto Brom (Israel)




||||||||||||||||||



*Imagen de la Web c/texto anexado

©Todos los derechos reservados

domingo, 14 de junio de 2020

SEÑAL




De improviso, a semejanza de una alarma, recordó el nombre…Jonathan, solo el nombre, se esforzó en recordar su rostro…no, no lo logró, se había esfumado, al igual que el humo de una cansada hoguera. Entonces quiso rescatar las cosas lindas de aquella lejana vivencia, las feas el tiempo se encargó de borrarlas, por suerte. ¿Por qué su mente se empecinó en traer al presente aquel ya casi olvidado nombre? Por más que deseó dejar de pensar en él, su memoria jugó en su contra…era imposible sacarlo de allí…ocho largos años transcurridos desde aquella odisea. Fue otra vida…fue otra Silvina, no la actual, hoy era otra persona, se sentía distinta, cambiada, inclusive convenció a sus amigos, llamarla Silvy. Un temblor sacudió su cuerpo. Provista de una manta, se recostó en el sofá, tapó su cuerpo… recogió sus rodillas y las apoyó sobre su pecho…trató de tranquilizarse, los recuerdos la acechaban…difícil zafarse de ellos…

Ya era media noche cuando se despertó. Fue hacia el baño, una buena ducha calentita la despabilaría. Así fue. Se colocó una remera y un jean, y llegó hasta la cocina. Tenía hambre, unas tostadas, un poco de jamón, y un fuerte café, hicieron las maravillas.

Mientras comía, alzó la vista hacia el almanaque, y se sobresaltó al percatarse del día, 9 de Noviembre. Se le escapó un OHHHH, se paró de golpe y logró derramar la taza del café. Imposible, no podía ser, ahora todo se aclaraba en su mente…pero no aceptó tal coincidencia.

¿Por qué dejar que se filtrara en su ser un mandato?, ¡No lo aceptaba!

Pasaron varias horas y seguía aferrada al cofre que guardaba cada carta, cada sello y que algunas tenían la marca imborrable de una que otra lágrima. Era duro releerlas por la distancia, por su encanto y su perfume…miró de nuevo el almanaque y el 9 de noviembre se le clavaba en las pupilas y en todo su cuerpo…

Desde el piso su gato le ronroneaba recordándole que tenía hambre…o sed…o ansias de mimos. Es demasiado-se dijo-se levantó y traspuso la puerta y se hundió en la brisa que traía perfumes de albahaca y mentas…Le tocaron las mejillas…se posaron en su ropa y se le instalaron en el alma…¡¡¡Cuantos recuerdos…todo fue válido!!!
Volvió sobre sus pasos, y con ella también el gato, ansioso de recibir su ración.

Ambos regresaron a la casa. Llegaron a la cocina, volcó un poco de alimento en el plato del ya desesperado micifuz, quien entre asombro y alegría no vaciló en ocuparse de saciar el hambre que lo aquejaba. Las caricias, pensó, las dejaría para más tarde.

Por su lado, Silvy, ya reanimada con la ayuda del aire refrescante del jardín, creyó oportuno buscar entre el manojo de cartas, la última, aquella de la despedida…quizás allí, entre líneas, lograría descifrar el motivo, la causa, la razón de la partida.

Lo recordó frente a la compu, entusiasmado en la búsqueda de algún dato… Se acercó para darle una palmadita en el hombro y de reojo pudo leer:


"Acontecimientos mundiales que ocurrieron un día como hoy….un día cargado de historia. El recuerdo fluctúa entre la alegría y el horror, entre la Noche de los Cristales Rotos en 1938, la caída de la monarquía, la entrega del premio nobel a Einstein y la caída del Muro de Berlín en 1989."


Ah... cómo no darse cuenta…lo vio ajeno a lo que lo rodeaba-incluida ella-fue al ropero eligió su mejor traje, corbata y camisa. Tomó con premura una toalla y partió a ducharse. Al salir ya vestido, vio en su mano un folio rojo, doblado a modo de sobre…la despidió con un beso y dejó el papel…Ella creyó que era una de sus tantas bromas y por lo tanto no lo abrió de inmediato…quería pensar de que se trataba.
Llegó la noche…recordó el sobre…y lo abrió. Sobre el fondo rojo, solo unas pocas letras en dorado rezaban: …” Lo siento, amor…quizás puedas comprenderme algún día…-es una broma, - pensó-, es hora que regrese, al hacerlo, seguro, reiremos juntos….

Han pasado varios años y nunca obtuvo una respuesta; tampoco volvió…Mucho le costó sellar aquel momento…creía haberlo hecho, pero el calendario, inexorable se lo recordaba…. ¿Fue tan fuerte lo que leyó? ¿Tenía algún significado especial para él, su familia, su pueblo…nosotros? Debo repasar… encontrar la verdad.

Todo fue en vano. Nada justifica la partida. Su ausencia carece de sentido. No es posible quemar todas las naves, es más, ¿yo no significo suficiente razón para su regreso?

La correlación de los acontecimientos dio quizás, una somera explicación a su decisión tan extrema.

Se vistió con sus mejores ropas, cerró bien la casa. Subió al coche y partió. Tenía bien fija la meta, la consigna era encontrarlo.



////---////

Autores

María de los Ángeles Roccato (Argentina)
Beto Brom (Israel)


****

Imagen de la Web c/texto anexado

@Derechos de Autor Registrados




sábado, 13 de junio de 2020

GARABATEANDO






En el mundo conocido, éste que nos rodea, caminamos tratando de conocer y aprender.
Ayer nos caímos, un obstáculo interfirió nuestros pasos, creímos desfallecer…un dolor agudo nos obligó a recapacitar, pues si, erramos.
No hubo lugar al arrepentimiento…el perdón no tuvo cabida…era el momento de tomar decisión, crucial bifurcación…seguir cavilando o afirmar nuestros pies, dejar atrás lo vivido, levantar la cabeza, mantenerla erguida, y avanzar sin escrúpulos, con la vista hacia adelante, no importando las curvas, baches o piedras…no desfallecer, la consigna a cumplir sellará nuestro triunfo.




No, no fue un sueño. Estaba despierto, muy bien despierto.

Quizás era un recuerdo de algo leído, tal vez...pero entonces cómo era posible que “aquello” se desvaneció, se evaporó a semejanza de un copo de nieve en el viento de una tempestad.

Caviló, una imprevista idea alumbró su mente… ¿Sería factible que fuera un aviso de un previo ataque cerebral? Si, fue un chispazo, una verdadera alerta. Una luz roja, si, sin duda, estaba perdiendo su lucidez, no lograba centralizar su pensamiento…

Abrió los ojos…un dolor infernal afecta su cabeza, la tomó entre sus manos…gritó…-¡¡¡NO AGUANTO MÁS!!!

Escuchó voces a su alrededor…trató de abrir sus ojos…apenas lo logró, veía siluetas difusas…balbuceó…-¿Dónde estoy…que me pasó? –Estoy sufriendo, ¡¡DEJENME!!

Las meditaciones sobre su paso existencial, permitieron evaluar sus triunfos, derrotas, actos, actitudes, como ocurre con todo ser humano, cuando se sienta abrevar en el camino para autoevaluarse, identificarse con su YO interno, reconociendo que la resiliencia, según como la desarrollemos, nos conducirá al triunfo o a la aplastante derrota, que nos inclinará por la desesperanza y resignación.

El empecinamiento en actitudes negativas y hasta indeseadas nos conduce hacia una existencia en desarmonía con el universo.

Ahora se daba cuenta que no fue un sueño lo que le aconteció.

La voz de la conciencia reclama silenciosamente y crea sentimientos de culpa o de satisfacción.



Repentinamente surgen avisos íntimos que llegan en forma de susto, y la intuición encierra presentimientos de que algo nos va a ocurrir y todo se tornó en realidad ante el intenso dolor de cabeza que le aquejaba y dominaba, aquellas eran palpables visiones que oscilaban entre su estado de ánimo y el físico emocional.


Después de recapacitar, volver una y otra vez sobre sus cavilaciones, creyó ver una posible explicación a sus dudas, o mejor dicho, errores acumulados en el viejo camino recorrido. Quizás se estaba acercando a la recta final, y entonces todo tomaba un cariz distinto, así podría captar la onda que, pese a sus esfuerzos, en vano le fue posible sintonizar.

Ya convencido de su posición actual, trató, ahora ya con los elementos adecuados, profundizar en sus pensamientos y analizar la situación con el nuevo color de sus lentes.

Todas estas apreciaciones, nos conducen a la autoevaluación que nos hacemos muy íntima y secretamente y que nos lleva al análisis de nuestras acciones, hechos, como garante de si hemos actuado bien, acertada o pesimamente; determinando de esta manera si cristalizaron los sueños anhelados, el proyecto de vida, el progreso, la seguridad del porvenir, o si dudamos muchas veces por la incompetencia, negligencia, desánimo, desinterés, falta de estímulos condicionantes, como ejes propulsores de la motivación, aunada al apoyo de las personas que nos rodean, los educadores, la familia, la sociedad en general.

Muchos afirman refiriéndose a otro individuo: Parece que no tiene espíritu... y eso es precisamente, lo que marca la diferencia.



-¡Por fin abres los ojos!, buen susto nos diste… ¿Qué te pasó, te caíste, recibiste un golpe?

Miró a su alrededor, estaba en su casa, acostado en el sofá del living…

-Estoy cansado, rendido, necesito descansar…

-¿Descansar…volviste de algún viaje y ni siquiera nos enteramos? jajajaja…

Escuché la voz de mi otro yo…-“Déjalos, no lo van a entender”



||||||||||||




Autores

Trina Mercedes Leé Montilla de Hidalgo (Venezuela)

Beto Brom (Israel)




||||||||||||||||||

*Imagen de la Web c/texto anexado

@copyright - derechos de autor

martes, 5 de mayo de 2020

SUEÑO IMPOSIBLE






Otra noche de insomnio.
Fue uno de los primeros en levantarse, los otros veintinueve aun indecisos… lógico que quisieran aprovechar hasta los últimos momentos de aquella cama donde podían descansar sus cuerpos siempre cansados.

Juntó las gastadas sábanas, más bien semejantes aun papel grueso… la precaria almohada, un pequeño conglomerado de trozos de cierto elemento sintético, y la deshilacha manta, que en su momento se la consideró frazada… y se encaminó hasta la salida de la sala... depositó todo en el carro de la ropa, frente a los ojos atentos del celador del piso, y bajó a la planta baja, llegó hasta los baños, donde lo aguardaba, si así lo deseaba, ducha con agua fría, que era un verdadero suplicio teniendo en cuenta la baja temperatura reinante, pero su situación no le permitía otra alternativa, siempre y cuando aspirara a mantener su cuerpo limpio.
Junto a la puerta de salida, tomó el bollo, un mazacote de harina, que correspondía a cada uno de los huéspedes, según los reglamentos…sacó su tarro de uno de los bolsos que acarreaba sobre sus hombros, se acercó al recipiente de té caliente, lo llenó, y se sentó en uno de los bancos para allí disfrutar de la quizás primera y única comida del día.

Dicho edificio, hoy llamado Albergue Municipal, fue en su tiempo el conocido y famoso Hospital General. En sus cuatro pisos, luego de una serie de refacciones, se lograron ubicar treinta camastros, en cada una de las salas otrora de internación, las cuales permitían “pasar la noche”, a otros tantos necesitados que la suerte les dio vuelta la cara. En total eran cerca de medio centenar de almas en pena, que buscaban refugio cada final del día, tras aquellas grises y frías paredes que ocultan sus vergüenzas.
Ya preparado, Augusto, salió a la calle…quien sabe que le aguardaba allí afuera…

Caminó unas cuantas calles; tenía el rostro cansado, su mirada sumida en grandes sombras negras, y sus ropas eran francamente holgadas por el peso perdido debido a la falta de alimentos; en su mente siempre revoloteaba la idea de cómo recomponer su vida, recuperar a su esposa e hijo, pero siempre terminaba diciéndose que eso era ya imposible, había caído tan bajo… 

Apresuró el paso para poder llegar a tiempo a su sitio, allí en el que se sentaba a pedir limosna, era la hora en que había muchos transeúntes que, también, se apresuraban para llegar a su empleo, y algunos de ellos se compadecían y eran caritativos y algo le daban, así que había que aprovechar la hora.

Augusto frisaba los cuarenta, y no siempre había tenido esa vida de pordiosero. Tenía un buen empleo, una esposa y un hijo, que actualmente tenía diez y ocho años, y estaba a punto de ingresar a la Universidad, gracias a los esfuerzos de su madre. El problema de Augusto fue que le gustaban las apuestas y la bebida. Su sueldo era bastante bueno para darle a sus seres queridos una buena vida: tenía su casa propia, auto para él y para su esposa, se podían dar el lujo de viajar, en fin, tenían una buena vida.

Al principio, las apuestas eran sólo una diversión como cualquiera, y la bebida sólo una acompañante, pero poco a poco fue invirtiendo más y más en las apuestas y bebiendo más. Desgraciadamente, era un perdedor, casi nunca ganaba, y cuando lo lograba, no era lo suficiente para recuperar lo perdido.
Tanto su esposa y también su hijo, le reclamaban su proceder. Deudas y más deudas llegaron a agobiarlo, y entonces más y más buscó refugio, escape en la bebida…y la caída fue inevitable…

Todos aquellos recuerdos aquel día volvieron a su mente…una simpática viejita se inclinó para dejarle unos billetes y además le regaló una sonrisa…

    -¿Cómo puedo ayudarle, buen hombre? -La escuchó preguntar…
    -Está bien abuelita, ya me ayudó bastante con lo que dejó en mi gorra…
    -No tengo a nadie que me cuide, dinero no es mi problema, sino la falta de compañía…quizás podríamos hablar y tal vez... bueno, -dijo la anciana- por el momento tengo un poco de prisa por mi cita con el médico, pero me gustaría platicar con usted, le espero mañana a la nueve en el café de la esquina, le invito a desayunar, si no le parece extraño, yo desayuno ahí todos los días, y me gustaría plantearle una idea. Usted me parece una buena y confiable persona; aunque no lo crea, lo he estado observando hace un tiempo, es posible que no haya reparado en mí.

Una vez dicho lo anterior, la venerable anciana continuó su camino, dejando a Augusto muy sorprendido; volteó a ver su gorra y vio que los billetes  representaban una cantidad no muy común en las limosnas.

Al siguiente día, nuestro desahuciado Augusto, salió del Albergue Municipal y apresuró sus pasos hacia el mencionado café, para cumplir lo pactado…la cita con la venerable anciana. Eso sí, se había arreglado un poco mejor que lo acostumbrado…con lo recibido el día anterior de manos de la bondadosa abuelita, pasó por una peluquería, cosa que ya tiempo no hacía, y le alcanzó además para comprarse, en la tienda de segunda mano enfrente del albergue, una remera y un pantalón que le otorgaría, quizás, un mejor aspecto.

Unos minutos antes de la hora fijada ya estaba esperando en la puerta del bar.
A las nueve en punto, estacionó un taxi…el chofer se apeó del vehículo para ayudar a su pasajera, pero Augusto se adelantó y fue él quien abrió la puerta para ayudar a la simpática mujer bajar del coche.
En un principio, ella se asombró pues no lo reconoció…

   -Buenos días, soy yo, la estaba esperando… ¿No me reconoce?
   -Ahaaa…estoy sorprendida…mire usted, había resultado un agradable hombre y además todo un caballero…gracias, gracias…

Lentamente caminaron y entraron al bar, eligieron una mesa cerca de la salida…y ya sentados esperaron la llegada del mozo. A los pocos minutos ya estaban desayunando y conversando como dos viejos amigos.

    -Reitero que no salgo del asombro, parece otra persona que la que conocí ayer- expresó extrañada la anfitriona.
   -Su bondadosa caridad hizo el cambio, mucho lo agradezco, señora…
   -Me llamo Rosalidia, ¿y usted?
   -Augusto Sutich, y tengo mucho gusto de compartir su mesa.
   -Pues ahora que nos conocemos un poco más, le relataré mi proposición…
téngame paciencia y déjeme explicarme.
    -Soy todo oídos Doña Rosalidia.
    -Soy viuda ya hace unos cuantos años, tengo una gran familia, pero por diferentes circunstancias, que no viene al caso ahora detallarlas, vivo sola, en mi mansión de las afueras, solamente acompañada por mi ama de llaves, Elvira, y el mayordomo Juancito, que hace también las veces de ayudante, la cocinera doña Paulina, muy buena, dicho de paso, jajaja, y dos camareras encargadas de la limpieza y demás quehaceres de la casa.

Augusto escuchaba y le parecía estar escuchando una de esas historias redactadas en libros, producto de la imaginación de algún escritor. Y sin siquiera decir palabra, continuó escuchando.

    -Pues bien, estimado Augusto, ahora es su turno de ponerme al tanto de su situación actual, que por lo visto, deja mucho que desear. Antes de exponerle mi propuesta, necesito saber, a grandes rasgos quien es usted, si se encuentra fuera de la ley, es buscado por la policía, tal vez, en fin, deme los suficientes detalles para saber quién está sentado frente a mí, ¿es posible?

Augusto se sentía un tanto incómodo, no sabía que decir, era demasiado bueno para ser verdad y, en realidad, desconfiaba; aun así, después de un momento de silencio relató a la amable anciana el por qué había llegado a esas condiciones.

   -Bueno, disculpe mi curiosidad, dice usted que necesita compañía, pero tiene familia, tiene servidumbre de confianza, según entiendo, entonces ¿Para qué me necesita a mí, a un desconocido?
La anciana sonrió socarronamente y dijo:

   - Mire, Augusto, la familia que tengo es de condiciones acomodadas, no necesitan mi dinero, y yo no les intereso para nada, en cuanto a mi servidumbre, es eso, servidumbre que no tiene mucha cultura, trabajan por un salario, nada más; ciertamente son leales, pero tienen su propia familia a la que ven en sus días libres y yo les pago una buena cantidad. Estoy interesada en una persona confiable, que tenga preparación y cultura y mis años me permiten dejarme llevar por mi intuición, y me arriesgo a pensar que usted tiene todo eso. Tengo, obviamente una condición, tendría que alejarse del juego y de la bebida porque se encargaría de mis cuentas bancarias y todo lo relativo al manejo de mis bienes, además de darme compañía. 

Mientras la escuchaba, la miraba y trataba de entender, entre líneas, que encerraba, tal vez, aquella tan peculiar propuesta. Lo que sí, la voz dulce y pausada de la respetuosa señora, vislumbraba una persona culta, dueña de un rico vocabulario, producto sin duda de una educación privilegiada. Tardó unos momentos en volver de sus pensamientos.

    -Su duda me preocupa, interpreto que no da fe a mi proposición, he sido sincera, como es mi costumbre, y además no tengo nada que ocultar, reitero lo dicho, ya sabe lo que ofrezco, está en usted la decisión, no alarguemos más esta conversación, ¿acepta o no?
    -Estimada señora, agradezco ante todo la confianza que me otorga, y por supuesto que acepto su generosidad, solo que estaba tratando de analizar en mente, los alcances de la tarea, trabajo u ocupación que se me ofrece, que trae aparejada tanta responsabilidad, en fin…de por seguro que no se arrepentirá. Seré su sombra celadora, se lo prometo.

La situación cambió por completo la vida de Augusto. 
La amable señora le adaptó un despacho y una habitación, viviría en la misma casa con ella. 

A partir de entonces dedicó su tiempo a administrar los bienes de la anciana, a cuidar que fuera bien atendida por su servidumbre y que tuviera la apropiada atención médica. Efectivamente, se alejó de la bebida y el juego, no sin dificultades, pero lo logró; una oportunidad como la que se le brindaba no era para desperdiciarla, de nuevo se sentía útil, su vida tomó un nuevo rumbo.

Pasaron algunos años antes de que la buena mujer pasara a mejor vida, dejando a Augusto el beneficio de todos sus bienes. 
Éste correspondió a la vida y a la amable señora, donando una muy buena cantidad al albergue, que le había servido de casa, para que sus compañeros de desgracia pudieran tener una mejor atención, y se ocupó de que así fuera. Su hijo ya era un profesionista que no necesitaba de él y su ex esposa había vuelto a casarse, era libre y rico, no podía creerlo. 

Augusto despertó súbitamente, sentía un vacío tremendo en el estómago casi vacío, sólo había comido el trozo de pan que les daban por las mañanas. Había sido un mal día, y lo poco que había recibido de las limosnas lo invirtió en una botella de licor. Por cierto que una de las personas que le había dejado unas monedas, había sido una venerable anciana que le regaló, también, una sonrisa, y con esa sonrisa y el contenido de la botella, se fue a su camastro. Todo había sido un sueño, un sueño imposible.

||||||||||||||||||||||


Autores
ESTELA RUBIO ZAMUDIO (México)
BETO BROM (Israel)

|||||||||||||||||||||||

*Imagen de la Web con texto anexado

@copyright - derechos de autor  




viernes, 17 de abril de 2020

NO AYER, NO MAÑANA, HOY...






Imposible concentrarse, las horas corren y la decisión debe tomarse- estas cavilaciones lo atormentaban, era su otro yo que se imponía, no podía pensar…aquella voz interior forzaba su mente, debería actuar a la brevedad, no había escapatoria…todo y todos en su contra, imprescindible tomar partido…

El tiempo ahora ha cambiado su ritmo y se deshila en segundos largos y tensos ¡y ese martilleo constante que no le permite dormir, comer o hacer algo en concreto! Espera la noche…se presenta fría, tajante, subrayada por el filo plateado que deja la luna y que pone un tinte de misterio en ese conocido escenario…contraste de todo lo que bulle en su ser.¡¡¡Debo decidir!!! Justo en ese instante cae rendido de sueño...

Camina sin detenerse…conoce el camino, soporta el cansancio pues la consigna debe cumplirse, no hay obstáculo que sea imposible salvar, la voluntad prevalece ante toda interferencia. Persiste en su derrotero…ráfagas de incertidumbre, violentas oscilaciones perturban la marcha…un mano invisible sale en su ayuda, se aferra a ella, le otorga nuevos bríos, percibe la llegada de un brisa que acelera sus pasos…si, no hay duda ¡Llegó! Se despierta empapado en sudor…

Sudor pegajoso que aun despierto le embota el cerebro. Ha recorrido tantos caminos… ¿para esto? ¿Esa es la vida, así se maneja el mundo: acorralando, avasallando, no permitiendo el descanso ni la toma de conciencia? Intenta, vacila, se expande, retrocede…Ahora el sudor es frío, irritante, eso lo desvía por milésimas de su respuesta… ¡Pero es poco, desesperado vuelve a estar en la noria de sus acciones!

Inquiere en su agotada mente…lograr un asidero a sus pensamientos que lo agobian. Escucha al amanecer decir presente…otro día perdido en la cuenta del regreso o ganado en su carrera que lo llevará al triunfo. Dimensiona sus logros, descartando sus fallas…el balance es positivo, duda ante la disyuntiva… ¿proseguir, aguardar?

Buena pregunta, que le acelera el ritmo cardiaco y le saca color al rostro! Mira al suelo y ve como una hormiga, enfrenta el problema de sortear un obstáculo…la ve retroceder, camina un instante en círculos, levanta las antenas….y…arremete…¡¡¡Arremete….!!!!¿Qué queda para él entonces? ¡¡¡Proseguir!!!

Las penurias quedan en el camino, el sinsabor interior fue remplazado, un nuevo elemento lo protege, su olvidada vanidad florece, leve pero en aumento cree palpar una sensación de bienestar en todo su cuerpo, ¿sus anhelos generaron frutos?

Resuelto por la nueva propuesta…un tobogán sedoso, húmedo y acogedor lo invitaba a deslizarse. ¡Lo hizo!

Unas manos de vellos de seda, amorosas lo retuvieron antes de caer entre las hojas… y sintió una voz particular…un ronroneo espeso y cálido que se hizo mensaje: retoño de mi vida, has nacido al fin.

Se dejó arropar por el pelambre suave y ese aroma que empezaba a resultarle conocido… y quedó dormido frente a un escenario nuevo, que estaba dispuesto a explorar.



||||||||||||||||||||

 Autores
María de los Ángeles Roccato (Argentina)
Beto Brom (Israel)

|||||

*Registrado/Safecreative N°1808047970091
*Imagen de la Web c/nexo agregado

sábado, 14 de marzo de 2020

LA FUNCIÓN DEBE CONTINUAR...







Aquella fue la noche en que la última gota logró rebalsar el vaso.
La pareja ya había conversado sobre el tema, cada uno había expuesto su punto de vista sin llegar a ponerse de acuerdo, y por lo tanto reincidieron las conversaciones, pero siempre con el mismo resultado.
Él insistía una y otra vez que desde niño quiso ser actor, lo cual lo llevó a participar en toda obrita escolar posible. Le gustaba imitar a personajes distintos, raros, inclusive aquellos que le aterraban. Era otro mundo que lo apasionaba. Ya en la secundaria se anotó en cuanto grupo teatral se organizaba. El teatro lo atraía como un imán inmenso imposible de desechar.
Ella lo escuchaba, pero sin llegar a comprender hasta qué punto aquella inclinación podría convertirse de una ilusión a una compulsión, y ese detalle le impedía aceptar la excesiva dedicación de su querido, que pretendía llamarse actor.
Lo que comenzó como una más de las charlas sobre “el tema”, a paso lento fue tomando un cariz distinto, de momento a momento más agresivo.

    -Lo que ocurre es que no tratas ni siquiera de escuchar mis palabras… intento ser lo más explícito posible… es en vano… eres una pared, te encierras… interpreto que dejaste de comprenderme. ¡Soy actor, es más, siempre lo fui!

Olivia, quien durante meses había intentado hacerlo entrar en razón por medio de la palabra, entendió que había llegado el momento de ser más ruda. Stanley necesitaba enfrentarse con los monstruos que lo venían persiguiendo desde hace tiempo, pero desde su realidad palpable y no escondiéndose detrás del escudo que le proveía un personaje.
Lo tomó por los hombros y lo sacudió con fuerza, luego lo empujó hasta dejarlo sentado en la silla que tenía detrás.
Él se sorprendió ante el brusco accionar de su chica y temió por lo que vendría después.
    -Ha llegado el momento de que asumas tu condición: ¡Eres un enano! Y siempre lo serás por más que te ocultes detrás de esos disfraces de príncipe, emperador de las galaxias o líder de un ejército de muertos vivientes. Deja ya de hacer el ridículo. ¿En verdad crees que te aplauden por tu talento? Jajaja ¡No me hagas reír! Les sirves de bufón y me desespera que no te des cuenta. Traté de hacértelo entender sin lastimarte, pero no me dejas otra opción que cachetearte con la realidad. Podrías trabajar en el circo de mi padre, sabes que sería una gran alegría para mí que estuvieras a mi lado en el escenario haciendo malabares. Ése es el lugar para nosotros, los enanos. Seguirás teniendo multitudes atentas a tu accionar, tal como te gusta, pero aplaudiéndote, no burlándose de ti. Sabes que te amo y todo lo que digo es por tu bien. Aprenderías rápido el arte del malabarismo, estoy dispuesta a dedicar todo el tiempo que se requiera para enseñarte.

Aquellas palabras lograron volverlo en sí. Eran duras, directas, quizás algo hirientes, pero sin duda consiguieron mover sus pensamientos. No obstante, luego de recapacitar, enfrentó sin ninguna clase de escrúpulos a su querida compañera, que desechaba, o  -mejor dicho- ignoraba su anhelo. Y sin titubear le reprochó una a una sus quejas, pero esta vez en una forma que no daba lugar a malas interpretaciones.

    -En una sola cosa tienes razón, Olivia. ¡Soy enano! ¡Y no me avergüenzo de ello… es más, estoy orgulloso de serlo! Y es por ello que acabo de tomar una resolución, ¡te dejo! Conoces muy bien mis sentimientos hacia ti, sabes cuánto te quiero, pero ha llegado el momento en que debo dedicarme de lleno a mi profesión. Siempre te querré y mucho te extrañaré. No me busques, evitemos encuentros no deseados. Quiero hacer mi vida. Adiós mi amor…
Con pasos lentos fue hasta la puerta, la abrió y con suavidad la cerró tras él.

Olivia quedó anonada ¡ni siquiera emitió una palabra!, quedó tiesa mirando la puerta cerrada. ¿Todo había terminado?... quizás estaba soñando, tal vez era una angustiosa pesadilla…

Los días con sus noches continuaron el ciclo de la vida… y pasaron los años…
Como sucede en todo comienzo, el inicio como actor resultó difícil para el principiante Stanley. Un sinfín de entrevistas, libretos y decenas de pruebas colmaron sus primeros meses. Todas las tratativas, con sus consecuentes rechazos, lo incitaron a proseguir con su empeño.
Sus ahorros empezaron a preocuparlo, era imprescindible encontrar alguna ocupación para solventar sus gastos elementales, tales como el alquiler del departamento que ocupaba, la comida y lo demás…
En un día gris estaba desayunando en un pequeño bar, cercano al teatro en el cual debería presentarse para otra de las audiencias, en las que se elegiría el elenco para la próxima obra a estrenarse.
Una pareja entró en el lugar y se ubicó en la mesa vecina. De acuerdo con sus vestimentas, quiso creer que eran actores… quizás se equivocaba, pero al escuchar la conversación entre ellos no le quedó ninguna duda. Comentaban la poca cantidad de postulantes anotados para el Casting.
Nuestro amigo no dejó escapar la oportunidad. Decidido y con cierta arrogancia se acercó a la mesa de la pareja.
    -Muy buenos días, colegas, mi nombre es Stanley y tengo mucho interés en incorporarme al elenco de la obra, ¿me permiten sentarme con ustedes y así conversamos?
La reunión duró un poco más de lo pensado; el trío se levantó y se encaminó hacia el Teatro.

La sala era más amplia de lo que Stanley hubiera imaginado, tal vez la compañía teatral tendría amplias expectativas en cuanto a la asistencia del público.
La pareja había omitido revelar el nombre de la obra a representar, querían sorprender a nuestro amigo argumentando que se trataba de una de las piezas teatrales más importantes de todos los tiempos.
El entusiasta enano caminó junto a ellos con la vista puesta en el decorado, cuya ambientación era renacentista, y en el fondo se divisaba una especie de catedral con su correspondiente campanario.
El director estaba sentado en la décima fila, prefería ubicarse a cierta distancia para cubrir visualmente la totalidad del escenario.  Ni bien vio acercarse a la pareja de actores, acompañada de Stanley, se puso de pie para saludarlos.
   - Los estaba esperando, llevan varios minutos de retraso, aunque según veo valió la pena la demora – dijo, sin disimular su alegría al ver al enano.
   - Señor  Bolton, nos complace presentarle a Stanley, quien desea incorporarse al elenco – dijo Estefanía, emocionada por el fortuito hallazgo.
   - ¡Genial! Ahora sólo nos falta encontrar a quien represente al capitán Febo de Châteaupers. – exclamó Bolton, al tiempo que estrechaba con vigor la mano del recién llegado.
   - Agradezco esta oportunidad que me ofrece, señor – dijo Stanley, que no dejaba de mirar en dirección al escenario.
   - Señor Stanley, sea usted bienvenido a nuestra compañía, espero se sienta cómodo entre nosotros – dijo el director, exhibiendo una amable sonrisa.
Pero Stanley comenzaba a atar cabos, y en tanto avanzaba en sus deducciones su entusiasmo inicial se desmoronaba.
Amplio conocedor de la obra de Víctor Hugo, no tardó en unir los datos hasta entonces recopilados: la catedral renacentista, el campanario, la mención del capitán Châteaupers…
Comenzaba a explicarse la escasez de postulantes y la evidente emoción del director al verlo ingresar junto a Estefanía y Jean Claude, este último con notorio acento francés debido a su origen, lo cual resultaba muy conveniente para esta obra en particular.
No había que ser muy inteligente para darse cuenta de que su personaje sería el de Quasimodo, el jorobado de Notre-Dame. Y recordó las palabras de su amada Olivia… ¡Cuánta razón tenía!

Lejos de allí, más precisamente en la Ciudad de la Luz, el circo de la familia Duval seguía cosechando aplausos gracias a la brillante performance de sus integrantes. Llevaban meses recorriendo distintos países y consagrándose como uno de los mejores espectáculos circenses.
La casualidad  -quizás habría que decir ‘causalidad’- quiso que la pareja de enanos tuviera a París como común denominador…
Aquellos días, en los que la búsqueda del actor que pudiera representar a Febo parecía casi imposible, se presentó un apuesto joven, de nombre Pierre, quien  a simple vista parecía reunir todos los requisitos, algo que fue comprobado después de algunas pruebas.
Quizás la diferencia tan notable entre ellos fue justamente lo que los unió desde el primer día de su aparición; Stanley le ofreció la posibilidad de compartir su departamento, y desde entonces fue creciendo entre ambos una hermosa amistad.
Por suerte, al cabo de unos pocos días se completó el elenco y comenzaron los ensayos. Stanley se sintió logrado, había llegado a cumplir su sueño, era actor y pronto sería conocido. Lástima que Olivia no estaba a su lado… ¡cuánto la extrañaba!
Una noche, leyendo un diario local,  Pierre comentó con su compañero sobre el éxito que estaba recogiendo un circo, de nombre Duval, que estaba actuando en aquellos días en París.
Al escuchar el nombre, el asombro de Stanley fue inmediato; le arrebató el diario a su amigo y leyó la noticia, tras lo cual exclamó: - Debo viajar hacia allí, es imprescindible que vea el espectáculo de ese circo, ¿quisieras acompañarme?
Al otro día Stanley consultó con el director Bolton sobre la posibilidad de suspender por unos días los ensayos, para así tener el tiempo necesario para el viaje y poder presenciar la actuación del circo; le expresó la suma importancia que para él significaría. Al ver la emoción que demostraba Stanley, el director no pudo menos que acceder al pedido.
La tarde siguiente ambos amigos partieron hacia París.
Viajaron en tren, ya que el presupuesto no alcanzaba para el avión.
Stanley no conocía la Ciudad de la Luz y se mostró impresionado ante la magnificencia de su paisaje nocturno.
La carpa del circo Duval ocupaba casi una manzana y se hallaba bien iluminada, de modo de poder distinguirse desde lejos. Poseía a los costados de la entrada letreros de neón promocionando los diferentes espectáculos ofrecidos por la compañía. Allí Stanley pudo ver en letras de oro el nombre de su amada y un poco más arriba se leía en mayor tamaño Circo de la familia Duval. Ningún otro nombre le importó a nuestro amigo, pese a que había unos cuantos más…
Hicieron su presentación mimos, payasos, magos, malabaristas, contorsionistas, acróbatas, trapecistasy Olivia no aparecía…
Stanley no podía disimular su preocupación, y al final de la función se dirigió hacia el camarín del señor Duval para preguntarle por ella.
Frank Duval se mostró sorprendido al ver al enano.
    - ¡Stanley! ¿Cómo has estado después de tanto tiempo? – expresó, intentando ser amable, aunque por dentro sintiera lo contrario.
    - Estoy ensayando para una obra que se estrenará en breve en Madrid. Vine a París porque supe que su circo se presentaba aquí, pero me extrañó no ver a Olivia. ¿Dónde está ella? – dijo Stanley, visiblemente contrariado.
    - La gente experimenta cambios a través del tiempo. Olivia sintió la necesidad de crecer. No me refiero a su estatura… jajaja, ella no se conforma con ser malabarista, y por ello lleva años entrenándose para ser trapecista… pronto estará lista para debutar en esa actividad. Trabajó muy duro y decidí que merecía unas vacaciones. – explicó el señor Duval.
    - ¿Trapecista, dijo? ¡Qué extraño! ¿Seguro que Olivia quiere dedicarse a eso?... ¿Y cuándo estará de regreso? – preguntó el enano con preocupación.
    - En una semana – respondió el otro, esquivando la primera parte de las preguntas.
    - Eso es mucho tiempo, Stanley, no podemos ausentarnos tantos días del ensayo – intervino Pierre.
    - Tienes razón, debemos volver. No tiene caso quedarnos si Olivia no está. Señor Duval, ¿cuánto tiempo más seguirá su circo en París? – continuó Stanley.
    - Tenemos contratado este espacio por  un par de meses más, ya que la venta de entradas superó todas las expectativas, y hay mucha gente que todavía no vio nuestro espectáculo – respondió Duval, orgulloso de poder refregarle en la cara el éxito del cual el enano no era partícipe.
    - ¡Qué bueno! Intentaré obtener otro permiso del director para regresar antes de que se vayan, así veo a Olivia. Fue un placer, señor Duval  – se despidió el enano.
    - Les deseo buen viaje y mucha suerte – concluyó el padre de la chica.
Al día siguiente el dúo partió de regreso a Madrid para ponerse a las órdenes del director Bolton.

Cuando Frank Duval le comentó a su hija que el día anterior Stanley había visitado el circo, Olivia escuchó la noticia y se ofuscó con él, no entendía la razón por la cual no lo llevó a su camarín. Ella había estado observando el espectáculo gracias a una abertura hecha con esa finalidad, en tanto dejaba su pie averiado en reposo.
Su padre había mentido, Olivia no estaba de vacaciones, había padecido un pequeño accidente en su entrenamiento como trapecista, y ello la mantuvo alejada del escenario un par de días.
     -¡Bien sabes cuánto lo extraño, me hubiera gustado mucho verlo!… ¡dices que tanto me quieres y eres capaz de privarme de mis deseos!… ¿Le preguntaste dónde se aloja? lo iré a ver… - exclamó Olivia, muy enojada.
Don Frank  no se animó a decirle que prefería evitar un reencuentro, el cual podría entorpecer sus planes para lograr convertirla en una gran trapecista… ello sería para él un gran orgullo, y para su hija un posible salto a la fama mundial.
     -No estaba solo, vino con un colega del teatro, estaba apurado pues ya salían de regreso a Madrid, donde están preparando una obrita en la cual él participa. Eso sí, te dejó muchos saludos y te desea el mayor de los éxitos en tu nueva carrera. – dijo, intentando justificarse.
Días y días Olivia evitó hablar con su padre, iba a los ensayos y luego se encerraba en su camarín.

Ya de vuelta en Madrid, Stanley y Pierre se reincorporaron al elenco. Las siguientes semanas fueron intensas. Por las noches el insomnio se hizo compañero de nuestro afligido actorcito, la imagen de su querida Olivia ocupaba todos sus pensamientos, resultaba imposible separarla de su mente. ¿Sería factible la vida sin ella? era una pregunta sin respuesta. Stanley construía castillos en el aire y planeaba la posibilidad de reencontrarse. Su malestar pronto se vio reflejado en los ensayos.
    -Lo noto preocupado, Stanley, ¿No se encuentra bien de salud, lo aqueja algo en particular?  Ha perdido su vitalidad, está siempre como volando en sus pensamientos y no concentrado en su papel, ¿Puedo serle de ayuda? usted me preocupa… - lo indagó el director.
    - La verdad, señor Bolton, es que tengo un serio problema que impide dedicarme en pleno a la obra… se trata de un asunto personal que no me resulta grato compartir, lo lamento. No obstante le agradezco su preocupación. Eso sí, me esforzaré para que ello no entorpezca los ensayos, se lo prometo. – respondió Stanley, tratando de ser convincente.
El avezado director buscó entonces a Pierre… con seguridad él estaría al tanto de los problemas de su colega. Estaba seguro de que entre ambos lograrían cambiar el ánimo del compungido actorcito.
    - Tengo necesidad de hacerte un comentario, Pierre. He notado que últimamente Stanley no logra concentrarse en la letra del personaje, parece como si su mente viajara muy lejos de aquí. Y esto viene sucediendo desde su regreso de París. ¿Sabes si ese viaje tuvo algo que ver con su comportamiento? – preguntó Bolton
    - Verá, señor… no creo que deba hablar de este asunto con usted, se trata de un tema personal de Stanley – se disculpó Pierre.
    - Insisto en saber el motivo de su falta de concentración, de ese modo podré comprenderlo mejor  – continuó el director.
    - Ya que insiste, se lo diré. Sólo espero no tener problemas por ello con Stanley. Nuestro viaje a París tenía como objetivo encontrar a alguien muy importante para él, pero no lo logramos, y eso le trajo una gran desilusión – explicó Pierre.
    - Ya veo, descuida, no le diré que hablaste conmigo sobre el tema – dijo Bolton.
    - Le suplico tenga contemplación con él, señor. Por lo pronto, sería bueno que usted nos permitiera volver a París en cuanto sea posible. Es imperioso que mi amigo tenga un encuentro con Olivia, su amada – continuó Pierre.
    - Eso dependerá de lo que suceda arriba del escenario, necesito que Stanley vuelva a ser el Quasimodo que fue. Él debe saber conquistar al público el día del estreno, sólo así se ganará el derecho de viajar a París. Tú podrías ayudarlo a que recupere su buen ánimo, distrayéndolo de alguna manera  – aconsejó Bolton.
    - Prometo hacer todo lo posible, señor, cuente con ello – concluyó Pierre.   
Luego de su conversación con el director, Pierre organizó salidas divertidas con el fin de alegrar a su apesadumbrado amigo. No lo dejaba solo ni un momento y siempre se mostraba  muy atento con él.
Si bien nada le hacía olvidar por completo a su amada, Stanley estuvo mejor predispuesto en los sucesivos ensayos, y logró convencer a Bolton de que ningún otro actor podría representar mejor al Quasimodo de Víctor Hugo.
Transcurridas dos semanas de intenso trabajo, intercalado con salidas recreativas, los integrantes del elenco sabían la letra a la perfección y la acompañaban con la gesticulación apropiada, logrando impresionar al director.
La escenografía y el vestuario estaban listos, ya no existía motivo para dilatar el estreno.
¡Y el telón por fin se levantó!
La sala del viejo teatro estaba repleta, incluso se comentó que decenas de personas quedaron ante las puertas, sin conseguir entradas.
La fachada del Notre-Dame, apenas iluminada, era el fondo propicio para destacar los saltos y vaivenes del famoso jorobado sobre los tejados, quien -siendo representado por Stanley- se esforzaba con sumo éxito en concentrar las atentas miradas de la platea. Un logrado matiz rojizo brillaba en sus cabellos, y su único ojo no dejaba de recorrer todo el escenario, ahora convertido en la plaza donde sería ejecutada la gitana Esmeralda… que para él era su amada Olivia, la que siempre ocupó su corazón.
Su actuación sobresalió, aunque en realidad todo el elenco se lució en aquella noche de la Premier.
El público, exaltado, ovacionó a los artistas; fue un rotundo éxito, que sin duda daría lugar al comienzo de una larga temporada de representaciones… y con seguridad habría futuras giras.
Stanley estaba contento y orgulloso, en su fuero interno aguardaba la promesa del director Bolton… ¿la cumpliría?
El enamoradizo enano veía a Olivia en Estefanía, cada vez que esta última se ponía en la piel de la gitana Esmeralda. Los espectadores captaban la emoción que él transmitía en cada escena y se conmovían a la par del actor.
Las funciones continuaron y el elenco siguió cosechando aplausos.
Al cabo de cinco semanas a sala llena, Pierre consideró oportuno recordarle al director la conversación que habían mantenido antes del estreno. Él ignoraba que ya no sería necesario el permiso para viajar a París, puesto que los productores de la obra teatral habían resuelto realizar un tour por varias ciudades europeas, entre las cuales en primer lugar se hallaba la Ciudad Luz.
Apenas tuvo conocimiento de la novedad, Stanley dio un salto de felicidad y fue el primero en preparar la maleta.
París le pareció más espléndida que nunca, aunque sus luces no podían competir con el brillo de sus pupilas.
La compañía teatral descansaba los lunes, aprovecharía entonces para asistir a la función del circo Duval el primero de esos días.
Stanley concurrió acompañado de Pierre. Se ubicaron en primera fila para disfrutar de cerca el magnífico espectáculo brindado por los artistas.
¡Y llegó el turno de los trapecistas!
El corazón brincaba en el pecho del enano cuando éste vio aparecer a Olivia con un atuendo brillante y seductor, ella ingresó a la arena en compañía de su hermano.
Luego del ceremonioso saludo, los hermanos Duval se dirigieron a sus respectivos lugares en las alturas y dieron comienzo a su performance. Sus balanceos estaban tan sincronizados, que cada movimiento se enlazaba con el siguiente como si fueran notas musicales en una excelsa partitura. Las volteretas eran perfectas, todo músculo involucrado respondía de inmediato a las exigencias de los artistas.
El público no aplaudía para no entorpecer la concentración de los acróbatas, aunque sí podía oírse un ¡Oh! de admiración como melodía de fondo.
Olivia hizo una pausa en su rutina, y fue entonces cuando vio a Stanley. Respiró hondo para atenuar los latidos de su corazón, embargado de emoción, pues necesitaba estar muy concentrada en la siguiente acrobacia.
Su hermano se balanceaba en el trapecio, sosteniéndose con las piernas flexionadas, y debía recibirla en el aire tomándola de las manos. Pero las palmas de Olivia estaban húmedas de sudor…
El impacto no consiguió borrar la sonrisa en el rostro de la malograda trapecista.
El público gritó de estupor y abandonó la carpa a pedido de los funcionarios encargados de la seguridad.
Stanley logró escabullirse entre la multitud y se aproximó a Olivia. Lloró desconsolado al verla inerte, se sentía culpable por no haberla acompañado cuando era malabarista. Si él hubiera estado a su lado, su padre no la habría convencido de convertirse en trapecista.
El circo permaneció cerrado por duelo durante una semana.
No ocurrió lo mismo con el teatro donde se presentaba ‘El jorobado de Notre-Dame’. Stanley debió superar su dolor y salir al escenario como si nada hubiera ocurrido porque, pese a todo… ¡La función debe continuar!

||||||||||||||||||||||

Autores
Laura Camus (Argentina)
Beto Brom (Israel)

/////

Nerfect Free License v1.00  
*Imagen de la Web c/texto añadido