lunes, 12 de octubre de 2020

Crucero La Sílfide del Norte

 


 

Desde hacía mucho tiempo que Julia y  Ernesto se debían ese viaje camino hacia  Europa. No pudieron hacerlo cuando cumplieron sus treinta años de casados. No por falta de dinero si no por las vacaciones de la escuela de sus nietos que cuidaban desde hace tiempo, para que sus padres trabajaran.

Terminó de armar las valijas, la de ella y la de su marido y pensó, ¿No nos olvidaremos algo? ¿Llevaremos bastante ropa? ¿Cómo estará el clima allá en Italia?... Si bien el buque iría tocando varios puertos al final llegarían a Roma.

Bueno pensó….espero tener todo el papelerío al día para no tener sobresaltos.

Llegó el veinticinco…el taxi llegó a la hora acordada, subieron las valijas y partieron hacia el puerto. Faltaban dos horas para la hora de partida. Ernesto está bastante nervioso, siempre preocupado como era su costumbre, su Julita, como la llamaba, tranquila, segura de sí, trataba de calmarlo…

    -Todo está bien, tenemos tiempo de sobra, no te impacientes, ya estamos de vacaciones, tómalo con calma, querido…

Llegaron. Entregaron el equipaje en la recepción, documentación, pasajes…todo en orden…miraron el precioso barco que los aguardaba…La Sílfide del Norte, sofisticado nombre.

Mientras Julia subía por la escalinata, Ernesto se quedó unos pasos detrás y le sacó la primera foto, ambos sonrieron, ya estaban gozando del viaje. Sería un crucero de ensueño…junto a más de mil personas que albergaría la nave, disfrutarían de unas dos semanas de distracciones, buena comida, sin duda un placentero descanso que bien se merecían.

Los ubicaron en el camarote, que alegre casualidad…cuando vieron el numero grabado en la puerta, 19, era el día que se casaron,  allí en febrero…se dieron un beso antes de entrar, la pasarían muy lindo…con seguridad…

Desparramaron la ropa y otros enseres sobre la cama, para ir acomodando en el placar. Un poco chico se dijo para sí Julia, quien como toda mujer trajo en las maletas lo que iba a necesitar y lo,  que verdaderamente ya estorbaba,  como pensaba su cansado marido.

Ordenaron todo y se dirigieron al balcón del camarote donde los esperaban dos copas de fino cristal y un baldecito con hielo donde reposaba una pequeña botella de champagne, sobre una mesita acompañada con dos silloncitos de madera.

Se sentaron…Ernesto sirvió la refrescante bebida, levantaron sus copas, y entre sonrisas festejaron el inicio de lo que sería una viaje para recordar.

Disfrutaron la mayor parte descubriendo todos los rincones del barco, era más bien una pequeña ciudad. Negocios, bares, restaurantes, salón de fiestas, un teatro, dos cines, tres piscinas, dos gimnasios, en fin, un perfecto lugar para perderse. Con tanto trajín, se olvidaron de anotarse para la cena, por suerte a último momento los vecinos del camote de enfrente, les recordaron el pequeño detalle cuando al encontrarse en el pasillo los invitaron para ir juntos esa noche, ellos habían reservado para el segundo turno.

Los Forlín resultaron una pareja simpatiquísima, tanto Ingrid como su marido Alex, resultaron una pareja exquisita. Pasaron una velada hermosa, pues luego de la cena, la siguieron en el bar La Noche. Después de despedirse, quedaron en encontrarse en el desayuno la mañana siguiente.

Llegaron a desayunar al comedor a la mañana siguiente, un poquito tarde pues se habían dormido por lo de la noche anterior, tanta cháchara y ruido, aparte los dos wiskisitos que se habían tomado retrasaron sus presencias.

Desayunaron con bastante apetito y alegría pues hacía bastante tiempo que no se sentían tan bien.

Se extrañaron de la ausencia en el comedor de su pareja de amigos, pero pensaron que quizás estarían ocupados en otras cosas  y no le dieron mayor trascendencia al asunto. Quizás los verían a la hora del almuerzo.

Salieron para afuera a sentarse en las reposeras de cubierta para aprovechar el magnífico sol.

Mientras estaban gozando de una placentera mañana, recostados en cubierta, escucharon un aviso por los parlantes que interrumpió la música de fondo:

     -Se comunica a todos los pasajeros que, a raíz de haberse detectado una posible enfermedad en la nave, se solicita acatar las indicaciones pertinentes que serán repartidas en sus camarotes-

Al igual que los demás pasajeros, Julia y Ernesto, se dirigieron a sus camarotes para enterarse de la nueva noticia.

Una vez allí, leyeron la nota que la Dirección había dejado.

Entre otras, se les comunicaba que una pareja de pasajeros habían sido revisados por la enfermería de abordo, motivados por un cierto malestar general, y se cree que están afectados por un cierto virus; dado que los medios a disposición no permiten analizar a fondo el origen y tipo del mismo, se han tomado las medidas necesarias, para mantenerlos aislados del resto del pasaje.

Además se solicita a todos aquellos que lo consideran necesario, solicitar turno para ser revisados, marcando el número 20, en los teléfonos que se encuentran en los camarotes. También se les informaba, que al llegar a la primera escala, dentro de tres días, se enviarán las pruebas a un laboratorio local, para ser examinadas y conocer el resultado. Lo que sí, como medida preventiva, le adelantaban que no se permitirá el descenso de la nave. Esta exigencia proviene, se les aclaró, de las autoridades sanitarias de la ciudad donde atracará el barco y con las cuales ya había sido entablada comunicación, y además se mantiene un  contacto permanente. Se agregaba que, con seguridad, sabrían comprender las restricciones del caso, y que por supuesto están invitados a continuar disfrutando de la navegación, aunque, por el momento se les sugería permanecer en los camarotes, como acto preventivo.

Estaban muy asustados, y más lo estuvieron cuando un mozo del comedor les alcanzó unas viandas de comida para los dos. Se preguntaban cómo iban a hacer para  estar encerrados tres días en el camarote sin ver a nadie ni ir a divertirse por ahí.

Ernesto le sugirió a Julia que almorzaran lo que les habían dejado y que se durmieran una buena siesta…después Dios diría lo que vendría.

Se despertaron a las seis de la tarde, se ducharon y animándose se dirigieron al comedor que encontraron cerrado y a oscuras.

Un marino uniformado los reprendió y los conminó a irse a sus habitaciones, informándoles, además,  que el dicho virus ya había infectado un diez por ciento de la tripulación amén de quince familias a bordo.

Afligidos y sumamente asustados por la información, los esposos volvieron a su camarote sintiéndose molestos y maldiciendo la poca suerte que les cayó encima.

 Casi no cenaron, solo comieron unas frutas, bebieron agua y se acostaron.

 Durante la noche Ernesto tuvo pesadillas horrendas. Sintió que se moría y que lo arrojaban al mar. Bañado en transpiración, se despertó y unos intensos escalofríos le recorrían la columna vertebral de arriba hacia abajo.

Se levantó para darse una ducha caliente sin despertar a Julia que dormía plácidamente.

 A la mañana siguiente, recibieron el desayuno, en las respectivas viandas, por supuesto.

Mientras desayunaban, con poco apetito, no obstante la variedad de productos recibidos, otra vez entraron en funcionamiento los altavoces…

 

    -Estimados pasajeros, nuestras más sinceras disculpas, por todo el malestar que deben afrontar. Un peligroso virus invadió nuestra nave, por el momento la mayoría de los contagiados entre pasajeros y tripulantes, que ascienden a más de un centenar, están siendo atendidos por el personal sanitario de abordo. Una pareja de pasajeros y dos marineros, debido a su estado de gravedad, ya han sido evacuados en helicópteros, a uno de los hospitales de Cabo Verde. Estamos en continuo contacto con nuestra base en Uruguay, y también con el Ministerio de Salud Pública, quienes nos remiten indicaciones de cómo tratar a los afectados.

En las próximas horas llegarán refuerzos de personal sanitario de Cabo Verde, con una serie de medicamentos y demás elementos indispensables. Reiteramos la necesidad de permanecer en vuestros camarotes, para así evitar posibles contagios. A la brevedad recibirán por intermedio de personal de abordo, el horario asignado a los ocupantes de cada camarote para poder realizar un pequeño paseo en cubierta, para disfrutar de un poco de aire fresco. Cualquier pedido, consulta o información, marcar en el teléfono del camarote el número 22. Reiteramos que todo lo relacionado con algún malestar de salud, comunicarse con urgencia al número 20. Por supuesto que las viandas continuarán llegando a sus respectivos camarotes. Esperamos vuestra colaboración, y todos rogamos que juntos logremos afrontar este mal momento, con la esperanza que finalice a la brevedad.-

 

   -Por lo visto, el asunto es más serio de lo que pensamos...estoy muy nerviosa…

   -Sí, querida, estoy pensando cómo podríamos comunicarnos con nuestros hijos, pues con seguridad ya habrán escuchado las noticias y estarán muy preocupados.

Estaban bastante inquietos, maldiciendo al infierno por todo esto que estaba pasando, justo en el mes de su aniversario y encima con la ilusión que habían programado dicho viaje.

Se acostaron a dormir la siesta luego de haber almorzado dejando las frutas para más tarde pues a Ernesto le dolía un poco la garganta y estaba con carraspera.

 Habría pasado una hora desde que se acostaron cuando Ernesto le sugirió a su mujer llamar al número 20 de teléfono, pues se sentía raro, muy transpirado y con mucho malestar.

Julia bastante asustada aunque no decía nada, llamó al 20 donde daba continuamente ocupado.

Entonces llamó al maitre de la cocina para que les trajeran un té solamente, nada de leche o galletas, recién lo logró a las dos horas del llamado.

Cuando el mozo se asomó para dejarles la merienda les preguntaron cómo iba todo en el barco; a lo que el mozo les informó en modo confidencial, que ya pronto llegarán y atracarían en Cabo Verde, pero que ningún pasajero o tripulación podían bajar a tierra, era orden de las autoridades del lugar y que la cosa pintaba cada vez peor dentro del barco. Al segundo comandante lo habían derivado, junto a dos mozos de cocina en helicóptero no sabía dónde, Ya se suponía que había como doscientos cincuenta infectados por el misterioso virus en el barco.

Luego de tomar el té y darse una ducha Ernesto consiguió que vinieran de enfermería y lo atendieran.

Julia sentada en un silloncito  observaba la maniobra de los médicos-Presión alta, fiebre 38.2, algo de taquicardia y respiración agitada, más, desgano general.

Decidieron aislarlo en otra habitación hasta que se restableciera.

Julia lloraba a mares y no quería desprenderse de su esposo, hasta que una  autoridad del buque se puso firme y así lo aislaron a otra habitación.

Se la paso llorando todo el resto del día. Dos veces Ernesto la llamó y trató, aunque sin grandes logros calmarla; le contó que se sentía mejor, la atención era excelente, todo el personal médico era gente idónea, y hacían lo imposible para atender todas sus necesidades; eso sí, tenía un poco de dificultad para respirar, y de tanto en tanto, le conectaban una máscara de oxígeno, y que la fiebre aún era un poco alta.

Julia no durmió toda la noche…a la madrugada, junto a los primeros rayos de sol que se filtraron por la ventana, un malestar raro la obligó a quedarse acostada. Un ataque repentino de tos la sobresaltó, con dificultad logró incorporarse, una capa de sudor cubría todo su cuerpo…no esperó más… llegó con gran esfuerzo hasta el teléfono y marcó el 20.

Ya había pasado una semana desde que La Sílfide del Norte, permanecía atracada en un pequeño muelle alejado del puerto de Cabo Verde. La situación a bordo no mejoraba, muy por el contrario. De acuerdo al último comunicado del Capitán, enviado a las autoridades portuarias, un 80% de los pasajeros y un 50% de la tripulación estaban contagiados. Se solicitaba con urgencia la intervención de personal de Salud Pública, para prevenir que el problema llegue a mayores.

Llegó con mucha dificultad al teléfono y marcó el número 20.

Se volvió hacia la cama, pues ya no se podía tenerse en pie. Mientras pensaba en su situación no dejaba de pensar en su enfermo marido, pero a la vez con mucho temor por ella.

Llegaron alrededor de las tres horas dos enfermeros todos cubiertos con camisolines y barbijos y un médico; la revisaron y le indicaron que comiera bien y tomara mucho liquido y que se quede tranquila salvo que empezara con fiebre, además le sugirieron acostarse y tomar un calmante que le iban a dar y que más tarde volverían.

Ernesto en otro camarote cada vez estaba postrado y con ahogos, sin que surtiera mucho efecto que la máscara de oxígeno que una enfermera le colocaba de a ratos.  Solo tomaba líquidos de a traguitos pero ya ni eso toleraba. La situación estaba empeorando, ya no podía hablar por teléfono con Julia que con seguridad estaría más angustiada, a medida que el tiempo pasaba.

A la mañana siguiente luego del té con leche y sintiéndose mejor, Julia se animó a salir del camarote derecho a la pieza donde lo habían internado a Ernesto.

Al abrir la puerta un viento helado que venía de la ventana la sobresaltó, miró hacia la cama que estaba prolijamente echa, y vio el pijama bordo de su marido dobladito sobre ella. Un escalofrío siniestro le atravesó el alma de punta a punta. Abrió de un solo golpe el placar y observó las chinelas y la ropa interior de su marido, junto con la bata de dormir.

Un terrible sollozo le partió el pecho antes de caer desmayada.

La odisea de este crucero, no tuvo buen final. Todos los pasajeros, al igual que la tripulación, se contagiaron. Decenas de ambulancias se ocuparon en trasladar los enfermos más graves a los hospitales, y los demás a centros de salud, para mantenerlos aislados y bajo atención médica permanente.


                                                               ~~~~~````~~~~~

 



Autores

NORMA ALICIA ESTUARD (Argentina)


BETO BROM (Israel)


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*Imagen ilustrativa de la Web c/texto anexado

* Nerfect Free License v1.00


viernes, 28 de agosto de 2020

UN MENSAJE EN LA VENTANA

 


 

 

Creyó conveniente salir, estaba agotado, no era el común cansancio, era un peso sobre sus hombros raro, inaguantable…si, saldría a caminar, quizá el aire de la madrugada lo tranquilice.

Ya al salir, captó que su decisión fue la correcta…encaminó sus pasos hacia el parque, allí con seguridad podría caminar a su libre albedrío…una leve sonrisa creyó sentir en su rostro, que ya hacía días había perdido el color de vida, más bien aparentaba ser el de un convaleciente afectado por una enfermedad crónica.

La falta de costumbre empezó a sentirse en sus músculos fláccidos, carentes de vigor y elasticidad. Se esforzó y aumentó el ritmo, no se dejaría vencer tan rápido.

Cuando llegó hasta la fuente del centro, se asombró al encontrar un grupo de personas efectuando movimientos que en el primer momento le parecieron algo raros. Todos al unísono como respondiendo a un plan determinado.

Eran gente mayor, un mujer pequeña estaba frente a ellos, todo su cuerpo pareciera de goma, levantaba y bajaba los brazos, abría y cerraba las piernas, todos los movimientos a semejanza de un marioneta humana…y el grupo la imitaba, paso a paso, como autómatas.

Detuvo su marcha, creía estar en un lugar imaginario…optó por quedarse a un costado y observarlos.

Ella,…la mujer pequeña, le brindó una sonrisa y una mirada dulce con la cual le invitaba a unirse al grupo…miró a su derecha, luego a su izquierda, pensando si se dirigía a él con esa invitación y con una leve sonrisa negó unirse aunque en realidad se sintió tentado a hacerlo.

Tal vez su cuerpo ya no era obediente como hace unos años como para seguir los movimientos tan practicados por los demás.

Muy cerca había un banco, se dirigió a él, le sacudió las hojas secas que caían de los árboles y se sentó sintiendo alivio en su interior, le gustó la idea de estar allí, necesitaba esa paz, un momento de tranquilidad y sosiego lejos de los problemas que dejó en la casa.

El silencio sólo lo rompía el sonido del agua de la fuente y algún andante rezagado que volvía a su casa.

Seguía observando a aquella joven que con sus movimientos daba alegría al grupo.

De vez en cuando miraba a lo lejos, levantaba la mirada hacia el cielo y esas nubes negras que parecían observarlo a él…ellas le enviaban un mensaje…no conseguía descifrarlo… ¿estaba soñando despierto?...insólita sensación…su mente recibía impulsos…una ráfaga de colores a semejanza de un inmenso arcoíris aclaró el cielo, las nubes desaparecieron…una veloz y blanquecina ráfaga bajó del cielo…aquél banco quedó solitario, dos hojas desprendidas del árbol que lo cubría, quedaron allí como muestra de la continuidad…

 

La luz del día terminó su función, se encendieron las farolas del parque, la luna apareció allí arriba, custodiando…una noche más dijo presente.

 

Unos suaves golpecitos en la puerta de la casa de German, entorpecieron el silencio…la voz de su amigo Darío…

    -Heee, muchachón, despierta, te estamos esperando…ya es tarde…

    - ¿Esperando para qué?-  Preguntó German.

 

Sus ojos crecieron, su mente aún no despertaba del sueño, intentaba volver a la realidad, sus movimientos eran lentos, más de lo normal…

Por lo general era muy despistado, pensó Darío, pero olvidarse de la reunión de hoy no era propio de él…preocupado insistió en el llamado…

    -¡Hey!.....German, ¿estás bien?

Germán respondió con un gran suspiro y tomó una bocanada de aire….

    -¡Si, estoy bien!

Se acercó a la ventana y dirigió su mirada hacia el parque, recordaba haber estado allí pero no recordaba cómo llegó a casa…. El cielo tan azul y el olor a eucalipto despertaban en él sensaciones muy extrañas, recordaba la sonrisa de aquella muchacha, su rostro, su mirada dulce…… sacudió su cabeza y se dirigió al lavabo….el agua fría y las prisas de Darío le hacían volver a la realidad…

     -¡Ya!...estoy listo, vamos, no hagamos esperar a los demás…

Antes de cerrar la puerta miró hacia tras, su cama, aún con dudas se preguntaba… ¿Fue un sueño?

El día empezó y continuó en forma normal, la reunión fue todo un éxito, los compañeros de la empresa y en especial Darío, lo felicitaron por el logro concretado, pues su disertación sobre el proyecto fue lo que determinó la tan anhelada resolución de la Dirección que daba de esta manera, la iniciación de las obras.

Fueron todos a festejar, y recién cerca de medianoche, volvió a su casa. Y allí lo esperaba una insólita sorpresa.

Al abrir la puerta escuchó unos pasos que venían de la cocina… ¿Tacones? 

El aroma a café y galletas recién horneadas hacen que se dibuje una sonrisa en la cara de Germán…¡¡Catalina!!

    -Hola Germán… ¿enterramos el hacha de guerra?...- En voz baja y con pasos muy despacio se acercó a él…

Germán la miraba con sorpresa y felicidad…esa carita de porcelana fina imposible de olvidar lo dejaba sin palabras.

    -¡¡¡Qué bien huele!!! …- Exclamó Germán mientras se acercaba a Catalina y dándole un fuerte abrazo le susurró al oído…

    -Te he echado mucho de menos…

Ella lo apretó contra su pecho y le respondió….

    -Yo también a ti.

Como siempre, los reencuentros son emocionantes, y más cuando el amor está de por medio.

Germán sonrió, y sin darse cuenta enfocó su mirada a la ventana desde la cual se observaba el parque…creyó vislumbrar un figura pequeña que lo saludaba…

    -No, no puede ser…

    -¿De qué hablas, amor mío, qué es lo que no puede ser?

 

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Autores

MaríaLoli Suárez (Islas Canarias/España)

Beto Brom (Israel)

 

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*Imagen de la Web c/texto anexado

@DERECHO DE AUTOR/REGISTRADO


martes, 7 de julio de 2020

UN DÍA MÁS




La ventana mostraba una plaza poco iluminada, rincón para el encuentro de enamorados, pensó… recordando tiempos ya idos.

Acababa de ducharse, sostenía con una mano una taza de té caliente, con la otra despejaba el vidrio empañado, la temperatura afuera estaría por debajo de los cero grados…estaba parada allí, tratando de olvidar lo sucedido aquella tarde, en que la suerte no estuvo de su lado, como estaba acostumbrada. Escuchó la música de su celular…masculló un impropio…no le permitían unos pocos momentos de privacidad...

Escuchó la conocida voz metálica…-La fiesta es de gala, el tren parte hoy a las 20.10-

Arrojó con rabia el celular a la cama, miró el reloj impávido que la miraba desde la pared, revelaba la actualidad, 18.30. Le quedaba poco tiempo para prepararse. Eligió un vestido negro, zapatos de taco alto, un chal color fucsia. Luego de un maquillaje rápido y sencillo, llamó a la conserjería para pedir un taxi.

Bajó, aprovechó para comprar unos caramelos de menta en el kiosko del hall de entrada, y aguardó que le avisen cuando llegue el taxi.

Una menuda llovizna comenzó a caer cuando ella salió del hall del hotel para dirigirse a la fiesta.

    -¿Para dónde va la señorita? – preguntó el taxista.

    -A la estación del tren- respondió.

A lo largo del camino desfilaba gente a pie, otros en bicicleta y los más en vehículos de distintas marcas y precios ostentando, quizá, algo de lo cual carecían. La música que había puesto el taxista para hacer el viaje más agradable obraba en ella un gran poder evocador, llevaba en sus notas la dulzura y amargura de los tiempos idos. Abrió la ventana del vehículo y un viento triste, como un niño perdido, le golpeó el rostro robándole los pensamientos. Sintió que las lágrimas asomaban a sus ojos, ocultó su cara entre las manos y suspiró haciendo un esfuerzo por apartar de su mente aquellos recuerdos diciéndose que el destino no podía obligarla a lo que ella no quisiera.

La voz del taxista la sacó de sus rememoraciones…

-Llegamos a destino, señorita.

Pagó el costo del viaje, agradeció al taxista, tomó su maleta, y enfiló a la estación.

A los escasos minutos de ubicarse en su compartimiento reservado, vibró su celular… no dudó que le controlaban sus pasos, como era acostumbrado.

    -Debajo del asiento encontrarás lo necesario- dijo la voz inconfundible de su jefe. Corta y concisa la llamada.

Se inclinó… y como estaba previsto encontró un estuche de cuero. No lo sacó del escondite, pues sabía que debería aparecer en un corto tiempo, el empleado que verificaba los boletos. En unos cortos segundos golpearon la puerta, apareció una joven uniformada reclamando el boleto, lo selló, agradeció y desapareció.

Sin pérdida de tiempo, cerró el pestillo que trababa la puerta. Ahora, ya tranquila y segura, recogió el estuche.

Excelente obra de un experto. En apariencia, unos inofensivos prismáticos pequeños.

Entre medio de los lentes, un diminuto compartimiento para el proyectil; en este caso un casi imperceptible alfiler. En el costado derecho un pequeño soporte por medio del cual se sujetaría el aparatejo mientras se observara el objetivo; muy bien disimulado, un resorte casi invisible, accionaría el sistema, que dispararía el dardo fatal, al accionarlo con la presión de un dedo.

Ahora, después de guardar el estuche en su bolso de mano, sólo restaba llegar a destino, y con seguridad recibirá allí, las instrucciones pertinentes.

De acuerdo a lo averiguado, llegaría en un par de horas a la ciudad vecina.

Una vez más…esta rutina la sacaba de quicio…y así de repente flotó la pregunta que la agobiaba durante un tiempo, ¿hasta cuándo?

El tren llegó puntualmente, una espesa niebla cubría la ciudad, unos faroles iluminaban la estación donde apenas se lograba ver los rostros de las personas que allí se encontraban, esperando o dejando algún familiar o amigo. De repente, escuchó una voz que la llamaba por su nombre, era un hombre de fisonomía agradable, vestía chaqueta café y pantalones rayados.

    -¡Acompáñeme!, soy el secretario del señor Adams, anfitrión de la fiesta que se llevará a cabo en el hotel de su propiedad. Permítame su equipaje, su habitación es la 302 y la fiesta comenzará en unos veinte minutos, por tanto tiene el tiempo justo para cambiarse.

Mientras se vestía, repasaba sus pensamientos y meditaba acerca de todo lo que tendría que realizar para que la orden de su jefe cumpliese el objetivo de su viaje, sabía que desde un principio debía mostrarse clara, activa y sociable para lograr, desde un comienzo, una buena impresión.

De pronto, escucha unos pasos acercándose sigilosamente a la puerta de su habitación, se acercó con cautela para mirar por el “ojo de buey” y comprobó que algo obstruía la visión.

Sus antenas entraron en acción. Corrió con destreza alejándose de la puerta…llegó hasta la mesa donde había dejado el bolso de mano, tomó el arma, sacó el seguro, la cargó, con unos cortos y silenciosos pasos se ubicó a un costado del armario, y espero…

Su vista y oído se centraron en la puerta de entrada, creyó escuchar que alguien probaba el cerrojo, captó que introducían una tarjeta para desactivar el seguro electrónico. No espero posibles e inesperadas sorpresas, se arrojó cuerpo a tierra, apuntó el arma hacia la puerta…escasos segundos y la puerta comenzó a separarse del marco…lo primero que vio fue un pequeño silenciador, esperó…una mano y luego una silueta enmascarada…ese era el momento, no dudó y apretó el gatillo…un agudo silbido cruzó el aire de la habitación…un cuerpo se desplomó abriendo la puerta de par en par.

El cuerpo yacía sobre el piso alfombrado, Arlette se inclinó sobre él, recorrió con sus hábiles manos todo el cuerpo sin encontrar herida alguna y se dijo a sí misma “No está muerto, sino simplemente aturdido”.

Luego de un rato escuchó sonidos de voces y pasos, sigilosamente salió de su habitación abandonando el hotel poco después de las 21:30.

Se dirigió caminando hacia la calle Libertad, que estaba atestada de gente, y abordó un bus que se desplazaba a bastante velocidad.

Era una mujer muy ágil, por tanto, no le costó mucho saltar al vehículo que estaba en movimiento, con gran indignación del conductor. Pagó rápidamente su pasaje y se bajó seis cuadras más allá cuando las luces del semáforo detuvieron el tránsito.

Todo indicaba que ya estaba lejos. Espero la pasada de un taxi, unos minutos fueron suficientes, subió y sin titubear, solicitó llegar al Aeropuerto Chico.

Llegaron…abonó el viaje, bajó del vehículo y sin prisa caminó hasta la entrada del edificio. A esas horas, no era mucho el movimiento; era un pequeño aeropuerto de aviones particulares. Se dirigió al bar, pidió un café. Mientras lo saboreaba, marcó el número clave en su celular. Escuchó la música acostumbrada, solo pronunció las dos palabras acordadas, -Nueva madrugada-

Pasaron escasos diez minutos, una atractiva mujer, con uniforme del personal aéreo, se acercó a ella, y expresó –Su avión ya está listo, sígame por favor-

Mientras subía las escalinatas del pequeño avión, respiró hondo…en su mente le pareció escuchar una voz…pero no le dio importancia, sonrió y entró. El reloj de abordó indicaba 23:10, cuando levantó vuelo.

La llamada de la noche, la intensa rememoración de todo lo que le ha ocurrido, el peligro que la ha acechado y oprimido le trae a Arlette la nostalgia de los años idos mientras sus ojos se nublan en un reprimido llanto. El reloj avanzaba demasiado lento, una marea de recuerdos novelescos aflora a su mente, se presenta ante ella imágenes de todo lo vivido que convertía sus pesadumbres, trabajos, desengaños, afecciones, conflictos y alegrías en un cántico a la vida y también en pasajes llenos de amargas cenizas. Hacía esfuerzos para encontrarse a sí misma, para cumplir de algún modo la verdadera misión de su vida y no para seguir alejándose de ella.

La una y veinte de la madrugada, la luz dentro del avión la sacó de sus meditaciones, este ya comenzaba a trazar círculos sobre el aeropuerto para su aterrizaje. Tierra firme, llega a su casa, se recuesta, cierra los ojos y aun cuando su cuarto está en tinieblas siente que la vida vuelve a brillar ante ella más bella que nunca.

¡Un día más…!




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Autores

María Cristina Sforzini Sepúlveda (Chile)

Beto Brom (Israel)




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*Imagen de la Web c/texto anexado

©Todos los derechos reservados

domingo, 14 de junio de 2020

SEÑAL




De improviso, a semejanza de una alarma, recordó el nombre…Jonathan, solo el nombre, se esforzó en recordar su rostro…no, no lo logró, se había esfumado, al igual que el humo de una cansada hoguera. Entonces quiso rescatar las cosas lindas de aquella lejana vivencia, las feas el tiempo se encargó de borrarlas, por suerte. ¿Por qué su mente se empecinó en traer al presente aquel ya casi olvidado nombre? Por más que deseó dejar de pensar en él, su memoria jugó en su contra…era imposible sacarlo de allí…ocho largos años transcurridos desde aquella odisea. Fue otra vida…fue otra Silvina, no la actual, hoy era otra persona, se sentía distinta, cambiada, inclusive convenció a sus amigos, llamarla Silvy. Un temblor sacudió su cuerpo. Provista de una manta, se recostó en el sofá, tapó su cuerpo… recogió sus rodillas y las apoyó sobre su pecho…trató de tranquilizarse, los recuerdos la acechaban…difícil zafarse de ellos…

Ya era media noche cuando se despertó. Fue hacia el baño, una buena ducha calentita la despabilaría. Así fue. Se colocó una remera y un jean, y llegó hasta la cocina. Tenía hambre, unas tostadas, un poco de jamón, y un fuerte café, hicieron las maravillas.

Mientras comía, alzó la vista hacia el almanaque, y se sobresaltó al percatarse del día, 9 de Noviembre. Se le escapó un OHHHH, se paró de golpe y logró derramar la taza del café. Imposible, no podía ser, ahora todo se aclaraba en su mente…pero no aceptó tal coincidencia.

¿Por qué dejar que se filtrara en su ser un mandato?, ¡No lo aceptaba!

Pasaron varias horas y seguía aferrada al cofre que guardaba cada carta, cada sello y que algunas tenían la marca imborrable de una que otra lágrima. Era duro releerlas por la distancia, por su encanto y su perfume…miró de nuevo el almanaque y el 9 de noviembre se le clavaba en las pupilas y en todo su cuerpo…

Desde el piso su gato le ronroneaba recordándole que tenía hambre…o sed…o ansias de mimos. Es demasiado-se dijo-se levantó y traspuso la puerta y se hundió en la brisa que traía perfumes de albahaca y mentas…Le tocaron las mejillas…se posaron en su ropa y se le instalaron en el alma…¡¡¡Cuantos recuerdos…todo fue válido!!!
Volvió sobre sus pasos, y con ella también el gato, ansioso de recibir su ración.

Ambos regresaron a la casa. Llegaron a la cocina, volcó un poco de alimento en el plato del ya desesperado micifuz, quien entre asombro y alegría no vaciló en ocuparse de saciar el hambre que lo aquejaba. Las caricias, pensó, las dejaría para más tarde.

Por su lado, Silvy, ya reanimada con la ayuda del aire refrescante del jardín, creyó oportuno buscar entre el manojo de cartas, la última, aquella de la despedida…quizás allí, entre líneas, lograría descifrar el motivo, la causa, la razón de la partida.

Lo recordó frente a la compu, entusiasmado en la búsqueda de algún dato… Se acercó para darle una palmadita en el hombro y de reojo pudo leer:


"Acontecimientos mundiales que ocurrieron un día como hoy….un día cargado de historia. El recuerdo fluctúa entre la alegría y el horror, entre la Noche de los Cristales Rotos en 1938, la caída de la monarquía, la entrega del premio nobel a Einstein y la caída del Muro de Berlín en 1989."


Ah... cómo no darse cuenta…lo vio ajeno a lo que lo rodeaba-incluida ella-fue al ropero eligió su mejor traje, corbata y camisa. Tomó con premura una toalla y partió a ducharse. Al salir ya vestido, vio en su mano un folio rojo, doblado a modo de sobre…la despidió con un beso y dejó el papel…Ella creyó que era una de sus tantas bromas y por lo tanto no lo abrió de inmediato…quería pensar de que se trataba.
Llegó la noche…recordó el sobre…y lo abrió. Sobre el fondo rojo, solo unas pocas letras en dorado rezaban: …” Lo siento, amor…quizás puedas comprenderme algún día…-es una broma, - pensó-, es hora que regrese, al hacerlo, seguro, reiremos juntos….

Han pasado varios años y nunca obtuvo una respuesta; tampoco volvió…Mucho le costó sellar aquel momento…creía haberlo hecho, pero el calendario, inexorable se lo recordaba…. ¿Fue tan fuerte lo que leyó? ¿Tenía algún significado especial para él, su familia, su pueblo…nosotros? Debo repasar… encontrar la verdad.

Todo fue en vano. Nada justifica la partida. Su ausencia carece de sentido. No es posible quemar todas las naves, es más, ¿yo no significo suficiente razón para su regreso?

La correlación de los acontecimientos dio quizás, una somera explicación a su decisión tan extrema.

Se vistió con sus mejores ropas, cerró bien la casa. Subió al coche y partió. Tenía bien fija la meta, la consigna era encontrarlo.



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Autores

María de los Ángeles Roccato (Argentina)
Beto Brom (Israel)


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Imagen de la Web c/texto anexado

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sábado, 13 de junio de 2020

GARABATEANDO






En el mundo conocido, éste que nos rodea, caminamos tratando de conocer y aprender.
Ayer nos caímos, un obstáculo interfirió nuestros pasos, creímos desfallecer…un dolor agudo nos obligó a recapacitar, pues si, erramos.
No hubo lugar al arrepentimiento…el perdón no tuvo cabida…era el momento de tomar decisión, crucial bifurcación…seguir cavilando o afirmar nuestros pies, dejar atrás lo vivido, levantar la cabeza, mantenerla erguida, y avanzar sin escrúpulos, con la vista hacia adelante, no importando las curvas, baches o piedras…no desfallecer, la consigna a cumplir sellará nuestro triunfo.




No, no fue un sueño. Estaba despierto, muy bien despierto.

Quizás era un recuerdo de algo leído, tal vez...pero entonces cómo era posible que “aquello” se desvaneció, se evaporó a semejanza de un copo de nieve en el viento de una tempestad.

Caviló, una imprevista idea alumbró su mente… ¿Sería factible que fuera un aviso de un previo ataque cerebral? Si, fue un chispazo, una verdadera alerta. Una luz roja, si, sin duda, estaba perdiendo su lucidez, no lograba centralizar su pensamiento…

Abrió los ojos…un dolor infernal afecta su cabeza, la tomó entre sus manos…gritó…-¡¡¡NO AGUANTO MÁS!!!

Escuchó voces a su alrededor…trató de abrir sus ojos…apenas lo logró, veía siluetas difusas…balbuceó…-¿Dónde estoy…que me pasó? –Estoy sufriendo, ¡¡DEJENME!!

Las meditaciones sobre su paso existencial, permitieron evaluar sus triunfos, derrotas, actos, actitudes, como ocurre con todo ser humano, cuando se sienta abrevar en el camino para autoevaluarse, identificarse con su YO interno, reconociendo que la resiliencia, según como la desarrollemos, nos conducirá al triunfo o a la aplastante derrota, que nos inclinará por la desesperanza y resignación.

El empecinamiento en actitudes negativas y hasta indeseadas nos conduce hacia una existencia en desarmonía con el universo.

Ahora se daba cuenta que no fue un sueño lo que le aconteció.

La voz de la conciencia reclama silenciosamente y crea sentimientos de culpa o de satisfacción.



Repentinamente surgen avisos íntimos que llegan en forma de susto, y la intuición encierra presentimientos de que algo nos va a ocurrir y todo se tornó en realidad ante el intenso dolor de cabeza que le aquejaba y dominaba, aquellas eran palpables visiones que oscilaban entre su estado de ánimo y el físico emocional.


Después de recapacitar, volver una y otra vez sobre sus cavilaciones, creyó ver una posible explicación a sus dudas, o mejor dicho, errores acumulados en el viejo camino recorrido. Quizás se estaba acercando a la recta final, y entonces todo tomaba un cariz distinto, así podría captar la onda que, pese a sus esfuerzos, en vano le fue posible sintonizar.

Ya convencido de su posición actual, trató, ahora ya con los elementos adecuados, profundizar en sus pensamientos y analizar la situación con el nuevo color de sus lentes.

Todas estas apreciaciones, nos conducen a la autoevaluación que nos hacemos muy íntima y secretamente y que nos lleva al análisis de nuestras acciones, hechos, como garante de si hemos actuado bien, acertada o pesimamente; determinando de esta manera si cristalizaron los sueños anhelados, el proyecto de vida, el progreso, la seguridad del porvenir, o si dudamos muchas veces por la incompetencia, negligencia, desánimo, desinterés, falta de estímulos condicionantes, como ejes propulsores de la motivación, aunada al apoyo de las personas que nos rodean, los educadores, la familia, la sociedad en general.

Muchos afirman refiriéndose a otro individuo: Parece que no tiene espíritu... y eso es precisamente, lo que marca la diferencia.



-¡Por fin abres los ojos!, buen susto nos diste… ¿Qué te pasó, te caíste, recibiste un golpe?

Miró a su alrededor, estaba en su casa, acostado en el sofá del living…

-Estoy cansado, rendido, necesito descansar…

-¿Descansar…volviste de algún viaje y ni siquiera nos enteramos? jajajaja…

Escuché la voz de mi otro yo…-“Déjalos, no lo van a entender”



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Autores

Trina Mercedes Leé Montilla de Hidalgo (Venezuela)

Beto Brom (Israel)




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*Imagen de la Web c/texto anexado

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martes, 5 de mayo de 2020

SUEÑO IMPOSIBLE






Otra noche de insomnio.
Fue uno de los primeros en levantarse, los otros veintinueve aun indecisos… lógico que quisieran aprovechar hasta los últimos momentos de aquella cama donde podían descansar sus cuerpos siempre cansados.

Juntó las gastadas sábanas, más bien semejantes aun papel grueso… la precaria almohada, un pequeño conglomerado de trozos de cierto elemento sintético, y la deshilacha manta, que en su momento se la consideró frazada… y se encaminó hasta la salida de la sala... depositó todo en el carro de la ropa, frente a los ojos atentos del celador del piso, y bajó a la planta baja, llegó hasta los baños, donde lo aguardaba, si así lo deseaba, ducha con agua fría, que era un verdadero suplicio teniendo en cuenta la baja temperatura reinante, pero su situación no le permitía otra alternativa, siempre y cuando aspirara a mantener su cuerpo limpio.
Junto a la puerta de salida, tomó el bollo, un mazacote de harina, que correspondía a cada uno de los huéspedes, según los reglamentos…sacó su tarro de uno de los bolsos que acarreaba sobre sus hombros, se acercó al recipiente de té caliente, lo llenó, y se sentó en uno de los bancos para allí disfrutar de la quizás primera y única comida del día.

Dicho edificio, hoy llamado Albergue Municipal, fue en su tiempo el conocido y famoso Hospital General. En sus cuatro pisos, luego de una serie de refacciones, se lograron ubicar treinta camastros, en cada una de las salas otrora de internación, las cuales permitían “pasar la noche”, a otros tantos necesitados que la suerte les dio vuelta la cara. En total eran cerca de medio centenar de almas en pena, que buscaban refugio cada final del día, tras aquellas grises y frías paredes que ocultan sus vergüenzas.
Ya preparado, Augusto, salió a la calle…quien sabe que le aguardaba allí afuera…

Caminó unas cuantas calles; tenía el rostro cansado, su mirada sumida en grandes sombras negras, y sus ropas eran francamente holgadas por el peso perdido debido a la falta de alimentos; en su mente siempre revoloteaba la idea de cómo recomponer su vida, recuperar a su esposa e hijo, pero siempre terminaba diciéndose que eso era ya imposible, había caído tan bajo… 

Apresuró el paso para poder llegar a tiempo a su sitio, allí en el que se sentaba a pedir limosna, era la hora en que había muchos transeúntes que, también, se apresuraban para llegar a su empleo, y algunos de ellos se compadecían y eran caritativos y algo le daban, así que había que aprovechar la hora.

Augusto frisaba los cuarenta, y no siempre había tenido esa vida de pordiosero. Tenía un buen empleo, una esposa y un hijo, que actualmente tenía diez y ocho años, y estaba a punto de ingresar a la Universidad, gracias a los esfuerzos de su madre. El problema de Augusto fue que le gustaban las apuestas y la bebida. Su sueldo era bastante bueno para darle a sus seres queridos una buena vida: tenía su casa propia, auto para él y para su esposa, se podían dar el lujo de viajar, en fin, tenían una buena vida.

Al principio, las apuestas eran sólo una diversión como cualquiera, y la bebida sólo una acompañante, pero poco a poco fue invirtiendo más y más en las apuestas y bebiendo más. Desgraciadamente, era un perdedor, casi nunca ganaba, y cuando lo lograba, no era lo suficiente para recuperar lo perdido.
Tanto su esposa y también su hijo, le reclamaban su proceder. Deudas y más deudas llegaron a agobiarlo, y entonces más y más buscó refugio, escape en la bebida…y la caída fue inevitable…

Todos aquellos recuerdos aquel día volvieron a su mente…una simpática viejita se inclinó para dejarle unos billetes y además le regaló una sonrisa…

    -¿Cómo puedo ayudarle, buen hombre? -La escuchó preguntar…
    -Está bien abuelita, ya me ayudó bastante con lo que dejó en mi gorra…
    -No tengo a nadie que me cuide, dinero no es mi problema, sino la falta de compañía…quizás podríamos hablar y tal vez... bueno, -dijo la anciana- por el momento tengo un poco de prisa por mi cita con el médico, pero me gustaría platicar con usted, le espero mañana a la nueve en el café de la esquina, le invito a desayunar, si no le parece extraño, yo desayuno ahí todos los días, y me gustaría plantearle una idea. Usted me parece una buena y confiable persona; aunque no lo crea, lo he estado observando hace un tiempo, es posible que no haya reparado en mí.

Una vez dicho lo anterior, la venerable anciana continuó su camino, dejando a Augusto muy sorprendido; volteó a ver su gorra y vio que los billetes  representaban una cantidad no muy común en las limosnas.

Al siguiente día, nuestro desahuciado Augusto, salió del Albergue Municipal y apresuró sus pasos hacia el mencionado café, para cumplir lo pactado…la cita con la venerable anciana. Eso sí, se había arreglado un poco mejor que lo acostumbrado…con lo recibido el día anterior de manos de la bondadosa abuelita, pasó por una peluquería, cosa que ya tiempo no hacía, y le alcanzó además para comprarse, en la tienda de segunda mano enfrente del albergue, una remera y un pantalón que le otorgaría, quizás, un mejor aspecto.

Unos minutos antes de la hora fijada ya estaba esperando en la puerta del bar.
A las nueve en punto, estacionó un taxi…el chofer se apeó del vehículo para ayudar a su pasajera, pero Augusto se adelantó y fue él quien abrió la puerta para ayudar a la simpática mujer bajar del coche.
En un principio, ella se asombró pues no lo reconoció…

   -Buenos días, soy yo, la estaba esperando… ¿No me reconoce?
   -Ahaaa…estoy sorprendida…mire usted, había resultado un agradable hombre y además todo un caballero…gracias, gracias…

Lentamente caminaron y entraron al bar, eligieron una mesa cerca de la salida…y ya sentados esperaron la llegada del mozo. A los pocos minutos ya estaban desayunando y conversando como dos viejos amigos.

    -Reitero que no salgo del asombro, parece otra persona que la que conocí ayer- expresó extrañada la anfitriona.
   -Su bondadosa caridad hizo el cambio, mucho lo agradezco, señora…
   -Me llamo Rosalidia, ¿y usted?
   -Augusto Sutich, y tengo mucho gusto de compartir su mesa.
   -Pues ahora que nos conocemos un poco más, le relataré mi proposición…
téngame paciencia y déjeme explicarme.
    -Soy todo oídos Doña Rosalidia.
    -Soy viuda ya hace unos cuantos años, tengo una gran familia, pero por diferentes circunstancias, que no viene al caso ahora detallarlas, vivo sola, en mi mansión de las afueras, solamente acompañada por mi ama de llaves, Elvira, y el mayordomo Juancito, que hace también las veces de ayudante, la cocinera doña Paulina, muy buena, dicho de paso, jajaja, y dos camareras encargadas de la limpieza y demás quehaceres de la casa.

Augusto escuchaba y le parecía estar escuchando una de esas historias redactadas en libros, producto de la imaginación de algún escritor. Y sin siquiera decir palabra, continuó escuchando.

    -Pues bien, estimado Augusto, ahora es su turno de ponerme al tanto de su situación actual, que por lo visto, deja mucho que desear. Antes de exponerle mi propuesta, necesito saber, a grandes rasgos quien es usted, si se encuentra fuera de la ley, es buscado por la policía, tal vez, en fin, deme los suficientes detalles para saber quién está sentado frente a mí, ¿es posible?

Augusto se sentía un tanto incómodo, no sabía que decir, era demasiado bueno para ser verdad y, en realidad, desconfiaba; aun así, después de un momento de silencio relató a la amable anciana el por qué había llegado a esas condiciones.

   -Bueno, disculpe mi curiosidad, dice usted que necesita compañía, pero tiene familia, tiene servidumbre de confianza, según entiendo, entonces ¿Para qué me necesita a mí, a un desconocido?
La anciana sonrió socarronamente y dijo:

   - Mire, Augusto, la familia que tengo es de condiciones acomodadas, no necesitan mi dinero, y yo no les intereso para nada, en cuanto a mi servidumbre, es eso, servidumbre que no tiene mucha cultura, trabajan por un salario, nada más; ciertamente son leales, pero tienen su propia familia a la que ven en sus días libres y yo les pago una buena cantidad. Estoy interesada en una persona confiable, que tenga preparación y cultura y mis años me permiten dejarme llevar por mi intuición, y me arriesgo a pensar que usted tiene todo eso. Tengo, obviamente una condición, tendría que alejarse del juego y de la bebida porque se encargaría de mis cuentas bancarias y todo lo relativo al manejo de mis bienes, además de darme compañía. 

Mientras la escuchaba, la miraba y trataba de entender, entre líneas, que encerraba, tal vez, aquella tan peculiar propuesta. Lo que sí, la voz dulce y pausada de la respetuosa señora, vislumbraba una persona culta, dueña de un rico vocabulario, producto sin duda de una educación privilegiada. Tardó unos momentos en volver de sus pensamientos.

    -Su duda me preocupa, interpreto que no da fe a mi proposición, he sido sincera, como es mi costumbre, y además no tengo nada que ocultar, reitero lo dicho, ya sabe lo que ofrezco, está en usted la decisión, no alarguemos más esta conversación, ¿acepta o no?
    -Estimada señora, agradezco ante todo la confianza que me otorga, y por supuesto que acepto su generosidad, solo que estaba tratando de analizar en mente, los alcances de la tarea, trabajo u ocupación que se me ofrece, que trae aparejada tanta responsabilidad, en fin…de por seguro que no se arrepentirá. Seré su sombra celadora, se lo prometo.

La situación cambió por completo la vida de Augusto. 
La amable señora le adaptó un despacho y una habitación, viviría en la misma casa con ella. 

A partir de entonces dedicó su tiempo a administrar los bienes de la anciana, a cuidar que fuera bien atendida por su servidumbre y que tuviera la apropiada atención médica. Efectivamente, se alejó de la bebida y el juego, no sin dificultades, pero lo logró; una oportunidad como la que se le brindaba no era para desperdiciarla, de nuevo se sentía útil, su vida tomó un nuevo rumbo.

Pasaron algunos años antes de que la buena mujer pasara a mejor vida, dejando a Augusto el beneficio de todos sus bienes. 
Éste correspondió a la vida y a la amable señora, donando una muy buena cantidad al albergue, que le había servido de casa, para que sus compañeros de desgracia pudieran tener una mejor atención, y se ocupó de que así fuera. Su hijo ya era un profesionista que no necesitaba de él y su ex esposa había vuelto a casarse, era libre y rico, no podía creerlo. 

Augusto despertó súbitamente, sentía un vacío tremendo en el estómago casi vacío, sólo había comido el trozo de pan que les daban por las mañanas. Había sido un mal día, y lo poco que había recibido de las limosnas lo invirtió en una botella de licor. Por cierto que una de las personas que le había dejado unas monedas, había sido una venerable anciana que le regaló, también, una sonrisa, y con esa sonrisa y el contenido de la botella, se fue a su camastro. Todo había sido un sueño, un sueño imposible.

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Autores
ESTELA RUBIO ZAMUDIO (México)
BETO BROM (Israel)

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*Imagen de la Web con texto anexado

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