viernes, 4 de mayo de 2018

AMIGOS EN LA ADVERSIDAD




Capítulo I


Salió de su casa tempranito en la mañana como era su costumbre, no obstante ya no era necesario pues había dejado de trabajar. No recordaba con certeza si habían pasado dos, tres o tal vez cinco años desde que el nefasto suceso interrumpió su delicada y secreta ocupación. De solo pensarlo, recibía unas ganas locas de gritar, pero se contenía, era un hombre que sabía guardar en su interior aquella ingrata vivencia, de la cual no fue culpable, y se le acreditó la culpa por ser como era: callado, juicioso, ajeno a las discusiones... sufrió solo el fallo dictaminado, más de uno de sus colegas, sabiendo la verdad, callaron por miedo a perder sus puestos.
Era un amanecer agradable, lo tomó como una invitación y empezó su caminata... deseaba reunir fuerzas, llenar sus baterías; el día era propicio para encontrarse con su amigo de toda la vida, aquél que desde la infancia había sido su confidente.
Decidió cambiar de recorrido y no cruzar la placita del barrio para ir a la cafetería de siempre; ya había tomado un desayuno frugal preparado por María, su empleada doméstica.
A Julio le encantaba aspirar el aroma que se desprendía de los arbustos, en especial en proximidad de la primavera, pero esta vez tenía otro propósito: encontrarse con Ariel. Necesitaba hacer algo para descargar las tensiones acumuladas en esos años de haberse mordido la lengua, y su amigo era profesor de kick boxing.

Ariel confiaba en él y sabía que alguien tan responsable y meticuloso como Julio no pudo haber cometido semejante error en la entrega de los sobres. Sus pesquisas como investigador privado habían arrojado óptimos resultados; su trabajo era considerado impecable y de primer nivel.
Era factible que algún envidioso de su exitosa carrera haya querido perjudicarlo intercambiando a sus espaldas los sobres que contenían los datos de dos investigaciones diferentes, y ello trajo como consecuencia una muerte y la ruptura de un matrimonio feliz.

El encuentro fue en la casa-oficina de su amigo. Luego de los saludos acostumbrados, Julio escuchó hasta los mínimos detalles el resultado de la pesquisa que, como le fue anticipado por teléfono, confirmaba el preparado complot del que había sido acreedor.

    -¿Qué me aconsejas?, preguntó, no obstante sabía la respuesta que escucharía.
    -No soy de dar consejos, está fuera de mis límites, lamento… pero lo que sí considero en forma urgente es que dejes de preocuparte, y esto lo digo ya como amigo. – le respondió Ariel.

    -Te escucho y no termino de comprender; me relatas en forma clara y concisa que fui víctima de un maquiavélico plan para “limpiarme”, es decir sacarme del medio, en la jerga del servicio. Mi colega de equipo, Mauricio, murió atropellado y no se encontró al causante del macabro accidente, aunque trascendió en los medios periodísticos que fue un delito premeditado, sin dar cuenta ni detalles sobre la ocupación de la víctima. Además está lo de mi matrimonio con Elena, que tuvo un final inesperado luego de cinco años, pues quedé considerado como un traidor, falto de escrúpulos, que vendí mi reputación por la vil moneda…y por si esto fuera poco… tú, mi mejor amigo, ¿me dices que no debo preocuparme? – continuó diciendo Julio, desconcertado ante lo expresado por el otro.

    -Tranquilízate, amigo, reserva esa energía para poner en marcha el plan que tengo en mente. Estuve investigando durante mucho tiempo sobre lo acontecido hace cinco años; evité comentártelo para no generarte falsas expectativas, pero ahora que poseo pruebas suficientes para esclarecer el caso es hora de reabrirlo – explicó Ariel, dejando aún más sorprendido a Julio

    -Creí que quien tenía habilidad como investigador privado era yo y que tu ocupación era ayudar a la gente a mantenerse en forma y a capacitarse en la defensa personal. A propósito de eso, pensaba requerir tus servicios como preparador físico y, a la vez, disponer de tu gimnasio para descargar tensiones. – concluyó Julio.

    -No hay problema, Julio, una cosa no invalida la otra. Las puertas de mi gimnasio están abiertas para ti, claro que no seré yo quien te prepare físicamente… en estos momentos me dedico a otros menesteres; contraté personal idóneo en la materia, ya verás... Y ahora solicitaré a Ofelia, mi asistente, que nos prepare algo para picar. Mientras tanto ponte cómodo, si lo prefieres recuéstate en el sofá que está frente al televisor. Apenas nos haya traído el refrigerio le pediré que no me pase llamados y se abstenga de molestarnos por ningún motivo. Tuve la precaución de hacer revestir las paredes y la puerta de esta oficina con material aislante de sonidos, de modo que nadie se enterará de lo que tengo para mostrarte – siguió explicando Ariel, que cada vez desconcertaba más a su amigo

-Me tienes sumamente intrigado; estoy en ascuas… habla de una vez ¿De qué se trata ese plan? – se apuró a decir Julio, que no podía disimular su ansiedad

Ofelia ingresó con una bandeja conteniendo una jarra llena de clericó, dos vasos altos y platillos con ingredientes, los que depositó sobre una mesa ratona. Luego de escuchar las recomendaciones de su jefe, hizo una leve inclinación de cabeza en señal de haber comprendido y se retiró.

A continuación Ariel se dirigió hacia la pared ubicada detrás de su escritorio y apoyó su mano derecha sobre el marco de un cuadro allí colgado. De inmediato éste se deslizó hacia la izquierda, dejando boquiabierto a Julio.
Detrás de esa pintura había una caja fuerte, que Ariel procedió a abrir digitando los números de la clave secreta sobre un diminuto teclado.
El profesor de kick boxing tomó algo de allí adentro y luego dijo:

    -Este video estaba en posesión de Karina, la hermana de Mauricio. Él sospechaba que atentarían contra su vida y tomó la precaución de dejar una grabación donde explica quiénes estuvieron detrás del cambio de sobres que originó tu despido. Me costó mucho convencerla de que me lo entregue, ella tuvo mucho miedo de dárselo a la policía. Días después se tomó un avión y se fue del país para no regresar.

Ariel colocó el video en el dvd y ambos hicieron silencio para poner atención a las palabras del difunto Mauricio.

La voz pausada -casi monótona de su fiel colega, que tanto extrañaba- llenó la sala; al escucharla no pudo dejar de estremecerse, le traía a la memoria recuerdos y vivencias de quien ahora relataba con mínimos detalles cómo fue desarrollado el que podría catalogarse como fabuloso ardid: cambio de sobres. Todo fue calculado: la hora de la entrega, el lugar, y hasta el día propicio… la mente analítica de Celestina, la “number one” de la organización, la convirtió en la encargada de poner en marcha la maniobra.

Mientras escuchaba, Julio no creía lo que resonaba en sus oídos… al terminar la grabación quedó exhausto, no atinó a decir palabra alguna, aquello era enigmático e incoherente.

Ariel comprendió la situación creada; en un primer momento temió que su actitud fuera equivocada, aquella revelación fue un golpe demasiado bajo, apreciaba a su amigo y le preocupaba su posible reacción.

    -Lamento haberte puesto frente a las evidencias, aquello ya pasó, apóyate en mí… sabes que estoy de tu lado, vive el presente, todo fue una vil tramoya, la vida continua… ¿me escuchas?

Pero tales frases quedaron flotando en el aire… Julio parecía poseído por una fuerza interior incontrolable y salió como un bólido de la casa de su amigo, sin siquiera despedirse… subió a su coche y partió con dirección desconocida.
Según lo expresado por Mauricio en el video, se había tratado de un complot entre Celestina -que fuera la primera esposa de Julio- y Gonzalo, uno de los detectives privados del mismo estudio donde trabajaban él y Julio.

Celestina nunca perdonó que su marido se divorciara de ella para casarse con Elena y buscó durante años la manera de vengarse de él, hasta que se le ocurrió que Gonzalo podría ser un buen medio para lograr su cometido.

Este último no necesitó demasiados argumentos para decidirse a ayudar a la dama, pues Julio le había arrebatado los mejores casos de investigación merced a su brillante desempeño en el estudio, motivo por el cual debieron contratar a un detective novato para que le ayudara a cubrir la creciente demanda.

Así fue como Mauricio se incorporó a la empresa y desde entonces se convirtió en su inseparable compañero. Él y Julio siempre estaban tan concentrados en su tarea que no advirtieron la maniobra que se estaba gestando a sus espaldas.



Capítulo II


Casi anochecía aquella jornada en que el competente dúo de inspectores regresaba a la oficina. Se hallaban exhaustos después de haber realizado la investigación de dos casos de mucha relevancia.
Considerando lo avanzado de la hora creyeron que no quedaba nadie en el estudio y fueron al baño a refrescarse la cara; antes, dejaron los sobres con la información de sus pesquisas arriba del escritorio.

Pero no estaban solos…

Oculto entre las sombras estaba Gonzalo, quien no había perdido detalle de lo actuado por sus colegas gracias a los micrófonos colocados por gente contratada a tal efecto en sitios estratégicos; éste se apresuró a cambiar los sobres por otros idénticos, aunque con diferente contenido, confiando que su plan jamás sería descubierto, pero había dejado un cabo suelto…

Cuando los detectives regresaron del baño, Gonzalo ya se había ido.

Mauricio guardó los sobres bajo llave en un cajón y luego se retiró junto a su colega, quien debió ausentarse del estudio durante un tiempo por motivos personales.

Al día siguiente Mauricio se presentó a primera hora dispuesto a cubrir con eficiencia la ausencia de su compañero. Se ocupó de entregar la documentación guardada bajo llave la noche anterior a sus respectivos destinatarios, sin revisarla primero, ya que no consideró necesario hacerlo.

Esa mañana Morgan –supervisor de la cámara que registraba ingresos y egresos del inmueble- lo saludó como siempre y le hizo un comentario, cuya última palabra dejó pensando a Mauricio, quien más adelante decidió investigar al respecto.

    -Buenos días, señor. Se nota que había mucho trabajo el día de ayer, los vi retirarse muy tarde. La jefa debería aumentarles los honorarios a ustedes tres.

    -Creo que te equivocas Morgan, fuimos sólo dos, Julio y yo, parece que estabas medio dormido, ja, ja, ja…

    -No se trata de lo que creo, sino de lo que muestran las cámaras, ¿las quiere ver?

Por supuesto que aceptó la propuesta; y ahí descubrió, con mucho asombro, al autor del cambio de los sobres. Horas después trató de ubicar a Gonzalo. No lo consiguió y entonces le dejó una nota en su escritorio, invitándolo a encontrarse esa misma tarde en el bar de enfrente de la oficina. La mencionada cita nunca se concretó; Mauricio fue atropellado y herido mortalmente por un coche que viajaba a gran velocidad cuando se dirigía al bar.

Por fortuna, antes de su deceso tuvo la suficiente lucidez como para tomar recaudos, que luego ayudaron a esclarecer su asesinato.

Julio decidió vengarse. No tenía nada que perder, se había quedado solo… las nuevas noticias habían puesto al descubierto toda la maniobra que le arruinó la vida.

Fueron requeridos varios días de vigilancia, mucha paciencia y dedicación, para estudiar los movimientos de Celestina y de Gonzalo, hasta que en el atardecer de un día lluvioso decidió llevar a cabo su plan.

Una llamada telefónica del “zorro”, un ex-convicto que ahora recibía pago por dar “datos” al servicio, accedió ganarse una remuneración extra de manos de Julio, informando de un supuesto encuentro de dos grandes de la mafia local en un galpón abandonado cerca del puerto.

Celestina picó el anzuelo… ella, Gonzalo y otros dos colegas llegaron cerca del lugar del supuesto encuentro y se apostaron a esperar…

En honor a la verdad, Ariel –el fiel amigo de Julio- había tenido bastante que ver con el plan. De hecho, el apodado “zorro” era pariente de uno de los tantos asistentes a su gimnasio de kick boxing.

Ariel, que había mantenido un profundo intercambio con Karina -la hermana del difunto Mauricio- el día que ésta le entregó el video, supo por ella de la peligrosidad de quienes estaban en el entorno de Gonzalo y Celestina.

La chica había tenido que mudarse de casa luego de la muerte de su hermano, por haber recibido amenazas. Ella vivió asustada de allí en más y, luego de haberlo meditado, decidió entregar el video a alguien que tuviera alguna conexión con su hermano, aunque no muy directa, ya que no deseaba cruzarse con ninguno de esos maleantes. Y Ariel era perfecto para el caso. Después ella se marchó del país.

Se trataba de gente pesada, había que echarse encima de ellos con astucia y no se podía confiar ciegamente en la policía, ya que Gonzalo y Celestina podrían tener contactos influyentes allí adentro y salir impunes.

Era preciso darles una cucharada de su propio chocolate…

Entonces Ariel se valió de la información, que oportunamente le brindara Karina sobre Gonzalo, y aconsejó a Julio utilizar a la familia del mencionado para presionarlo a confesar su crimen.

En esa tarde lluviosa ambos llegaron al puerto a bordo del auto de Julio y se estacionaron a considerable distancia del lugar donde estaban Celestina y Gonzalo. Entretanto, cuatro fornidos atletas con amplio dominio de boxeo y diversas artes marciales los aguardaban adentro del galpón. Y otros cuatro individuos, no menos preparados que los anteriores y provistos de armas de fuego, mantenían como rehenes a la esposa e hijos de Gonzalo, por si algo salía mal en el puerto.

Contar con un amigo profesor de kick boxing fue de gran ayuda para Julio. La resolución del asunto requería habilidad y fuerza, además de una apariencia intimidatoria, algo que poseían de sobra quienes asistían al gimnasio de Ariel.

    -No estoy seguro de que estemos haciendo lo correcto. No tendríamos que haber involucrado a la familia de Gonzalo, hay menores de edad – dijo Julio sin ocultar su preocupación antes de acudir al encuentro de los otros.

    -Tranquilo, amigo, es sólo un recurso para presionarlo a que confiese; él es de carácter más débil que Celestina y no dudará en entregarse a las autoridades cuando sepa que su familia corre peligro. De ningún modo es mi intención que alguien salga lastimado, pero es necesario contar con un plan B por si el primero no da resultado – respondió Ariel para tranquilizarlo.

    -Un plan B, ¿en qué pensaste?, tengo mis dudas…no quiero involucrarte en demasía, no me siento tranquilo al ver cómo te estás complicando la vida, ya es suficiente con la mía. – expresó Julio con visible temor

    -Vamos hombre, no te me achiques ahora, ten en cuenta que son varias las personas que están implicadas en este ardid, y todos me deben favores. Escucha lo que haremos si falla el plan original… - sostuvo Ariel para convencerlo

Y como si se tratara de una maniobra militar, detalló los pormenores del plan auxiliar a un Julio, cuyos nervios le estaban haciendo pasar momentos que tardaría mucho tiempo en olvidar.

Pese a la habilidad deportiva de los amigos de Ariel, los cómplices de Gonzalo y Celestina estaban armados, por ende no bastó con los puños de los primeros para someterlos.

Fue preciso que Ariel sacara el as de su manga y le pidiera a Gonzalo que se comunicara con su esposa. Este último creyó que se trataba de una artimaña para distraerlo y entonces Julio lo convenció sobre la conveniencia de realizar el llamado.

    -Yo en tu lugar haría ese llamado, si es que de verdad aprecias a tu familia, claro – dijo con sorna

Al escuchar esto Gonzalo tomó su teléfono y se comunicó con su esposa, pero no fue ella quien lo atendió.

    -Tu querida esposa no está en condiciones de atenderte, retiraré su mordaza durante unos segundos para que puedas escuchar su voz y luego seguirás tratando conmigo – dijo una voz masculina en tono amenazante

Gonzalo quedó petrificado al oír los gritos de su mujer suplicándole que obedeciera las órdenes de esos hombres, o de lo contrario ella y los niños perderían la vida.

    -Ya la oíste, ahora vas a hacer lo que se te indique. Aquí quedamos cuatro hombres custodiando a tu familia a la espera de una señal de Julio o Ariel para proceder en consecuencia – concluyó el sujeto armado y luego cortó

El “zorro” poseía ciertos contactos en el puerto y supo de un buque de carga que llegaba para reabastecerse de combustible; entre su tripulación había ex convictos que tiempo atrás habían compartido celda con él. Se ocupó entonces de servir de intermediario entre estos y Ariel para llevar a cabo la operación.

Gonzalo y Celestina fueron ingresados a bordo del barco adentro de un contenedor como si se tratara de una carga. El objetivo era trasladarlos a un país cualquiera de Asia Occidental y dejarlos librados a su suerte.

Todo resultó como fue planeado.

No quedaron huellas de lo acontecido en aquel solitario galpón; es más, nadie investigó sobre la desaparición de Celestina, y menos de Gonzalo. Ella era un personaje solitario, nadie supo nunca su paradero, ni tampoco se le conocían familiares o amigos.

En cuanto a su compinche de fechorías, la familia recibió una compensación monetaria de parte de Ariel hasta que lograran salir adelante, además de explícitas explicaciones y sugerencias con respecto a mantener el silencio, pues ello les aseguraría su futuro.

Finalmente Julio accedió a tomar clases de kick boxing con su amigo y luego colaboró con él para retribuirle los servicios prestados.

Y Ariel se anotó en un curso intensivo de investigador privado, ya que haber contribuido en el esclarecimiento del homicidio de Mauricio le incentivó el deseo de convertirse en detective; de allí en más él y Julio formaron una exitosa sociedad.


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Autores

Laura Camus (Argentina)

Beto Brom (Israel)


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*Registrado/Safecreative N°1804206623532

*Imagen de la Web c/texto anexado

*Música de fondo: Thomas Newman/Road to Perdition