martes, 1 de mayo de 2018

NO SE APAGA LA LLAMA



Manuel entró en el restaurante empapado por la lluvia que abatía fuerte en la primaveral noche Ovetense. Sintió el golpe de calor nada más entrar en el local, abarrotado de gente. El ambiente era alegre y ensordecedor. Avanzaba entre la gente a duras penas hasta el fondo, donde sabía se ubicaban sus antiguos colegas de trabajo. Estaba ansioso por verlos, por verla.

Habían pasado diez años. Cada uno de ellos tomó caminos distintos, en lo laboral y en lo personal. Sofía al igual que él, abandonó Asturias para irse a otra ciudad. Pero a diferencia de él, ella no salió del país, sino que se trasladó a Madrid, la capital, dónde se había instalado con su flamante marido. Actualmente trabajaba en una multinacional del sector textil. Nada que ver con el trabajo desempeñado cuando formaban parte del mismo equipo.

Manuel alcanzó por fin el grupo. Se hallaban todos al final de la barra, cada uno de ellos con un vaso de sidra en la mano, sus ojos brillaban y sus caras eran el vivo reflejo de la felicidad, acaso un algo embriagada. Todos corearon su nombre al unísono, le abrazaron, besaron y sin darle tiempo ni siquiera a quitarse la cazadora mojada, le colocaron el vaso en la mano, iniciando un agotador interrogatorio sobre su consabida y aventurera vida, pues era el único que vagaba de país en país, de ciudad en ciudad, como alma mercenaria al servicio de una de las constructoras de más peso a nivel internacional. Para ellos, él era un valiente, inconsciente y un ser independiente, ávido de aventuras que había viajado por medio mundo…esta noche podría contarles muchas historias de Perú, desde dónde había viajado para verlos.

Estaba emocionado al punto de sentir reciamente el nudo en la garganta, clavó sus ojos en ella…sintió el golpe al corazón. Esa maldita sensación que renació de nuevo, en un instante, en un segundo.

A semejanza de una ráfaga de aire caliente, pensamientos de vivencias junto a ella, abarrotaron todos sus sentidos; le costó expresar un pequeño balbuceo hasta lograr, con pocas palabras, agradecer tal muestra de entusiasmo y cariño de sus viejos y queridos amigos de aquella época, que aunque remota, hoy parecería que fuese ayer.

Sofía lo miró directamente a los ojos…corrió su cuerpo hacia un costado, insinuando un lugarcito a su lado…Manuel captó en la mirada la invitación y sin dudarlo se acomodó junto a ella; levantó su copa y con esa autoritaria voz que siempre llamaba la atención de quienes lo rodeaban… ¡Brindo por nuestra amistad, forjada por años y por un deseo de que continuemos conservándola! ¡¡¡SALUD!!!

Todos levantaron sus vasos brindando…la algarabía contagió a los demás comensales, fueron unos momentos inolvidables.

Los platos y las bebidas continuaron, anécdotas fueron compartidas, fotos cambiaron de mano en mano, risas y risas, llenaron de júbilo aquella mesa, aquel reencuentro.

Dentro de aquel bullicio, Sofía le susurró…

    -Estaba en duda de que vendrías, pues sabía por boca de nuestro amigo Mauro, él y yo somos vecinos ya lo sabes, que te encontrabas en Perú, y sin embargo nos diste esta tan agradable visita.

     -No podía faltar a este tan especial encuentro con todos mis amigos, y confieso, albergaba fuertes deseos de verte Sofi…

    -Hace mucho tiempo que nadie me llamaba así, sabes que nunca me gustaron los diminutivos, pero tú siempre buscaste chincharme, era algo inevitable en ti, …y parece que no se te ha olvidado…no has cambiado mucho en estos diez años.

Sofía le hablaba con evidente brillo en la mirada y sonrisa contenida. Su rostro sonrosado no era solo efecto del vino, sentía su efecto embriagador. Estaba encantada de que se hubiera producido ese encuentro, aun así forzaba indiferencia, solo en la medida que le era posible.

    -Todos están alegres y emocionados, no te hagas problema, ninguno de ellos se ha percatado de mi forma de llamarte, no prestan demasiada atención. Y eso es lo que me gusta, que sigue siendo "mi" forma de llamarte…Sofi, dime, ¿viniste sola hasta aquí?

La luz tenue, la lluvia tras el cristal, el calor resultado de la aglomeración de la gente…la música de saxo de fondo de Fausto Papetti…el ambiente no ayudaba a rebajar la excitación del momento, la alegría de verse, la ternura en sus tonos al hablarse, el ansia de no separarse…Y ambos eran conscientes de que no era más que un instante, ese instante, en que la vida, sonriéndoles, los había vuelto a situar en un mismo punto, en un mismo lugar, y que como en el cuento de Cenicienta, al terminar la cena, volverían a separarse.

    -He llegado esta mañana a Oviedo; ya sabes que vivo en Madrid…vivimos, mi marido y yo. Dormiré en la casa de mis padres y mañana temprano me iré.

Sofía contemplaba su rostro, sus gestos, sus ojos claros y hasta el movimiento continuo de sus largas y rojizas pestañas. Como apartados dentro del mágico círculo, sus amigos los habían relegado intencionadamente, de manera cómplice, pues todos conocían de aquella mutua atracción entre dos almas tan parecidas en tantas cosas.

Manuel sentía su ritmo cardíaco acelerado, casi podía oírlo, contenía la respiración mientras, inmóvil, era incapaz de dejar de mirarla. Le encantaba como se le desparramaba el pelo sobre sus hombros y, por momentos, ocultaba parte de su cara, que ella tímidamente apartaba. Su dulce voz que contrastaba con una actitud a la defensiva. Un sentimiento indómito le hacía anhelarla, desear abrazarla, oprimirla contra su cuerpo…pero las circunstancias no propiciaban materializar tan simple sueño.

    -Por favor, no me hables de tu marido; esta noche no. ¿Por qué dejaste de escribirme?

    -Sofía miró al suelo; que extraña sensación de alegría y melancolía se conjugaban en su interior. Levantó la vista y se encogió de hombros. Miró a su alrededor…

    -¡Qué sé yo! El tiempo, la distancia, nuevas gentes, nueva vida, tú tan lejos, las relaciones se enfrían, ¿ya lo sabes no? ¿Acaso nos has escrito tú? Escribes a menudo a Mauro, ¿No verdad? Eres un ser de espíritu desarraigado, acostumbrado a viajar, cambiar de entorno, empezar de cero en cada cambio, y en el fondo, aunque sea duro y la soledad en ocasiones te venza, eso, esa sensación de libertad y de lejanía te encanta…no lo niegues, y te entiendo tanto…una parte de mí es así, y tú lo sabes. Necesitamos sentir que la Tierra, de verdad, se mueve, ¡gira!

La escuchaba y sus pensamientos vagaban… sin desearlo retornaban al pasado, aquel pasado que hoy le resultaba presente, y lo disfrutaba… no permitiría perderla otra vez, no y no…

    -Pues entonces no perturbemos su girar…mi querida Sofi, homologuemos nuestro andar con ella, compartiendo y dejándonos llevar donde el destino decida… ¿te animas a escuchar, y por lo tanto responder con un rotundo ¡SI! al pedido de tu corazón?

A pesar del gélido tiempo el fluir sanguíneo aumentó la temperatura de sus cuerpos. Y un algo invisible, una fuerza irresistible los acercaba, aproximando sus rostros tan cerca, tan cerca que…

............

Madrid, 06 de febrero de 2012, 06.30h

Sofía estiró sus piernas de un lado a otro de la cama, como hacía siempre que su detestable despertador la interrumpía de su dormidera. Mientras se desperezaba y pestañeaba se dio cuenta de que su corazón latía fuertemente. Y todas las imágenes de aquel sueño que la había acompañado en su agitada noche cruzaron veloces su mente…sí…era él, en aquel bar de Oviedo, Manuel…

Sonrió para sí: “¿Pero a cuento de qué habría soñado con Manuel?, hacía tiempo que no sabía apenas de él”. Ya sentada en la cama, descalza sintiendo el frío de la mañana no pudo evitar retrotraerse en el tiempo a aquellos días cuando trabajaban juntos, sus risas, discusiones por ideas encontradas y alguna mirada y roce, si…una llama tan precaria como sempiterna. Y lo sabía como pocas veces sabe una cuándo el hombre que tienes delante te provoca una sonrisa con solo una mirada. ¡La maldita chispa!

    -“Cariño, hoy tengo tiempo. Si terminas pronto de arreglarte te acerco a tu oficina” - Pedro entró en la habitación y le dio un beso tierno en los labios, le acarició la mejilla – ¡Guapa!

Ella se estremeció, incluso casi se sintió mal al pensar en lo inmensamente afortunada por tener el marido que le había tocado en suerte. Sí…Manuel era un aventurero, y en cambio Pedro siempre tan previsible y constante, lo que le aportaba algo muy importante: un amor sereno y seguro, sin sorpresas pero también sin tempestades.

Se levantó y lo abrazó fuertemente como no queriendo perderlo nunca, nunca.

Madrid, 06 de febrero de 2012, 16.00h

Entre papeles y mil historias, todas desordenadas, Sofía intentaba encontrar su móvil que no dejaba de sonar. ¿Dónde diantres lo había puesto? En esa mesa desbordada nunca encontraría ese maldito aparato electrónico que tanto ayudaba a desconcentrarla en su trabajo. Por fin dio con él y pudo descolgar:

    -¿Diga?

    -¿Sofi?

    -Sí, soy yo, diga…

    -Hola rebelde y adorable amiga, sé por Mauro que andas muy ocupada y ya adaptada a la salvaje ciudad, ¿qué tal te trata la vida? ¡Qué alegría oír tu dulce (y mansa) voz! Estoy en Madrid, he venido sólo un par de días… ¿le concederías a este pobre nómada un café o una cena si se tercia? Si es que me reconoces claro…soy Manuel y esta vez no aceptaré un no por respuesta, ¡esta vez no!


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Autores

M. Sonia Fernández Álvarez-María del poniente- (España)

Beto Brom (Israel)


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*Registrado/Safecreative N°1804166584447

*Imagen de la Web c/texto anexado

*Música de fondo: Capricho árabe bay F.Tárrega/Isabel Martinez-guitarra