lunes, 29 de mayo de 2017

La superstición



Se escuchaba el taconeo de sus zapatos, en el silencio de la callecita desierta que atraviesa el pueblo Las Chircas. La gente desaparece a la caída del sol y son pocos los que se atreven a salir después de las ocho. Corre el rumor que después de esa hora andan vagando por las aceras seres extraños y luminosos que emiten voces que nadie comprende, como si fueran cantos o lamentos que se mezclan con aullidos de perros que ladran hasta el amanecer.

Esa noche Tamara decidió aclarar las cosas con Daniel... Calzó sus zapatos rojos, tomó su bolso amarillo y se dirigió a casa de su amante sin pensar que en el camino podía aguardarle alguna sorpresa... Debido a su juventud se sentía poderosa sin miedo a fábulas pueblerinas de las que alardeaba la gente del lugar.

Pero…al atravesar el pequeño puente de madera que cubría el río Centauro, que separaba el pueblo en dos idénticas mitades a semejanza de un sabrosa manzana, sintió unos pasos detrás suyo, bastantes cercanos que la obligaron a pararse y mirar hacia atrás…allí no había nada ni nadie. Prosiguió su marcha pero ahora a paso acelerado, sus nervios y quizás un poquitín de miedo sumados a su intención de encontrarse con su amado lo antes posible, convirtieron aquello en una especie de trote que perturbó el silencio nocturno que ya cubría todo el vecindario.

Mientras tanto, Daniel, ajeno a la inesperada llegada de Tamara, había decidido pasar una noche dedicada a la música, su predilecto hobby. Buscó en su extensa colección de disquetes y eligió disfrutar esa noche acompañado del maestro Beethoven.

La casa de Daniel se divisaba a lo lejos bajo el manto azulado de la noche estival. La 5ta. Sinfonía acompañaba al joven absorto en sus pensamientos buscando el modo de volver acercarse a ella para pedirle perdón por sus errores y prometerle que de ahora todo sería diferente... Se encontraba perdido sin ella y no supo cuánto la quería hasta que la perdió esa tarde cuando ella se enteró que había viajado a una isla del Pacífico con otra mujer... Ahora estaba solo, sin saber que su amada intentaba acercarse a su casa sin importarle correr riesgos y quería verlo...

Tamara había decido perdonarlo, pero al darse vuelta para ver quien la seguía se enfrenta a un caballero vestido muy formal, de fino aspecto y ademán delicado que se dirigió a ella con voz cautivante.

    - Señorita. no debería andar sola a estas horas por el pueblo. Existen rumores que el peligro asecha luego que oscurece, ¿Puedo saber hacia dónde se dirige?

Se encontraban en la mitad del puente frente a frente, la mirada del joven era fascinante... Tamara se sintió extrañada por la atracción que ejercía ese hombre misterioso que la hacía temblar, pero no sentía miedo... Detrás del hombre el viento traía el murmullo de las hojas de los árboles y tal vez de eso se trataban las voces que decían oírse. Tamara no podía expresar palabra alguna mientras el hombre con su penetrante mirada le pregunta su nombre permaneciendo en medio del puente sin avanzar hacia ningún lugar eran dos figuras delineadas por la luz de la luna... El aroma delicioso de la noche los cubría... Y las luces de las cuales todos temían en el pueblo no se trataba mas que de estrellas errantes que en esa zona austral eran de origen de la naturaleza lo que había iniciado la fábula pueblerina que sus pobladores transmitían de generación en generación.

Lo que en un primer momento lo tomó como un regalo del cielo, un sueño quizás, rápidamente se transformó en una horrible pesadilla, no era un sueño, era algo real…recapacitó, un hombre trataba de obstaculizar su camino…

    -Estoy apurada, no me siento a gusto en esta noche sombría…además no lo conozco, detesto conversar con extraños, déjeme tranquila me está molestando…

    -Mi intención es ayudarla, no me mal interprete, confíe en mí, sería incapaz de hacerle daño alguno, sólo deseo acompañarla, ¿me lo permite?

La duda, pasó a convertirse en miedo, y éste aumentaba…la joven emprendió una carrera desenfrenada con rumbo al final del puente, unos escasos metros y lograría su cometido…pero el supuesto galante no desistió y en pocos pasos la alcanzó, la sujetó por detrás, ella trató de zafarse, la suerte le jugó sucio…y al forcejear inclinó su cabeza que golpeó contra la baranda del puente y cayó.

 
Se despertó en los brazos del desconocido... de su rostro emanaba un brillo que la traspasaba... encandilada entre luces de estrellas fugaces que tanto temían en el pueblo, comprendió que todo lo que temían era verdad.

    -No te inquietes Tamara... ¿Quién era ese desconocido que como ella se había atrevido a salir esa noche y la conocía? ¿O acaso era uno de los personajes que atemorizaba al pueblo?...
    -No dejes de mirarme, le repetía...

A no muy lejos del lugar sonaba la música en casa de Daniel sin imaginar lo que estaba sucediendo a escasos metros.

Tamara entrecerrando los ojos se dejó llevar por la voz del desconocido. Las luces centelleantes se hicieron más nítidas y de pronto una luz más grande los encandiló de tal modo y la dejó inconsciente...


Eran las diez de la mañana cuando Daniel sale rumbo a la facultad y preso de la angustia observa al borde del puente una multitud señalando dentro de un círculo inmenso, sobre el pasto quemado, los zapatos rojos y la cartera amarilla de Tamara... el murmullo de las voces angustiadas repitiendo que la noche anterior la habían visto salir de su casa después de las ocho…



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Autores

Lilian Viacava (Uruguay)

Beto Brom (Israel)




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*Registrado/Safecreative N°1703221205993

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