lunes, 29 de mayo de 2017

Las huellas del tiempo



Primera parte

Perfilaba la tarde con sus destellos ocres mientras el sol empezaba a esconderse entre tupidos ramajes que limitaban la casona antigua con olor a malabares  y concierto de avecillas de diversas clases y colorido.

Berenice, sentada en aquel hermoso jardín suspiraba profundamente evocando viejas escenas atrapadas en la mente maravillosa que incita el despertar de sentidos y sentimientos. Después de larga contemplación, se levantó lentamente al recordar su viejo baúl guardado en el sótano y con pasos decididos se dirigió allá.

Allí estaba, como fiel testigo de vivencias inolvidables, empolvado pero intacto debido a la excelente madera con que fue confeccionado. Al abrirlo, se sintió, como niño con juguete nuevo. Fue acariciando cada cosa encontrada: su vestido de comunión con alforjitas, amarillento por el paso de los años, la bolsita donde  los vecinos echaban los mediecitos como parte de la tradición, los ombligos de todos sus hermanos que la madre guardo para echarlos algún día en el río como creencia de que así nunca se ahogarían, las postales de su adolescencia como intercambio amistoso con personas de todo el mundo, enviadas por el correo, ahora suplantado por tanta tecnología, que enterró a los carteros en el olvido, el manojo de estampitas de santos y vírgenes, de oraciones, de ultimas noches de tantos fallecidos, flores secas dentro de un poemario de Vargas Vila, en el cual aparece subrayado este fragmento: 

°Un gran lirio, lirio abierto en la fronda lujuriante de un remoto país de sueños, bajo un cielo en nubes pálidas de un color límpido azul, tu albo cuerpo semejaba, en los nítidos encajes, y los amplios cobertores y los tenues cortinajes, ligeros y ondulantes te envolvían en una nube de opalino, índigo tul°

Se detuvo un rato ahí, hojeando el libro y suspirando. Pensaba en este escritor tan contradictorio y censurado que dejo huellas en su corazón. Siguió sacando cosas mientras sacudía con un pañito rosado con los orillos de encaje: documentos personales, boletas de grado, las zapatillas nacaradas Luis XV  que se puso en su graduación de Maestra Normalista para Educación Urbana, la primera muñeca de trapo que le hizo su mamá, una cajita de música con una bailarina vestida en tul blanco... le dio cuerda y recordó a Victorino, su amigo del alma, quien se la había obsequiado cuando cumplió quince años. 

Todo se desbordó en ese instante mientras sonreía al compás de los recuerdos: las caminatas por la colina, las conversaciones a la orilla del riachuelo, sentados sobre un gran tronco seco... y empezó la formulación de incógnitas: ¿Donde estará ahora?, ¿Que será de su vida?, ¿Porqué se descuidaron e interrumpieron la comunicación constante?, ¿Porqué la vida separa y cuando menos lo esperamos brota la nostalgia como los pimpollos  en las ramas?, ¿Estará casado?, ¿Cuantos hijos tendrá?, y lo mas inquietante: ¿Estará vivo?, ¿Seguirá siendo tímido?, se que me amaba y nunca se atrevió a decírmelo, por eso, me desencanté y le hice un desaire para que se decidiera a declararse o tomara las de villadiego. Se que actué mal pero estaba enojada, ¿como declararme yo sin en esa época para la mujer todo estaba vetado y era mal visto porque se violaban los principios y valores?

Sus pensamientos se interrumpieron bruscamente, al oír la corneta de un automóvil que se aproximaba a su esplendida casa, se asomó por los altos ventanales y al verificar que se estacionaba, bajo aceleradamente las escaleras y observaba curiosamente a un señor que se acercaba lentamente y como creía no conocerlo, se preguntaba: ¿quién será?....

La inesperada visita, al acercarse a la puerta de entrada de la casa, no alcanzó a tocar el timbre, pues la puerta se abrió de par en par, y la figura de una bella dama iluminó sus ojos...

    -Buenos días... ¿A quién busca señor....?
    -A la quinceañera a la cual le regalé una cajita de música, quizás me recuerda...
Berenice dudó al dar crédito a sus oídos, su asombro fue tal que sintió que le faltaba el aire, no podía ser cierto...pegó un grito...
   -¡¡¡¡Victorino!!!!- y se abalanzó sobre él abranzándolo con un cariño conservado por años.
    -Mi dulce y querida Berenice, estás más bella que entonces...oh...cuanto te extrañe...
Pasaron unos instantes, y entre preguntas y asombros, ambos entraron en la casa.
    -Ven conmigo a la cocina, preparé algo para tomar y allí charlaremos, sígueme...

Mientras la ama de casa empezó a ocuparse de un pequeño refrigerio, Victorino le comentó que desde ya tiempo, unos diez años, a causa de una destacable herencia, decidió recorrer el mundo.

    -¿Una herencia? ¿Es posible saber de quien?
   -Por supuesto, ello ocurrió con la muerte de la tía Jacinta, solterona, y de unos ochenta años; por esas cosas, de tanto en tanto, cuando era chico y también en mi juventud, la visitaba dos o tres veces al año; me encantaba charlar con ella, en especial sobre su empresa naviera, me mostraba fotos de sus barcos...en fin, siempre disfrutaba de aquellas visitas; con el tiempo me enteré que fuí el único sobrino que lo hacía. Un cierto día, su larga y solitaria vida, llegó a su fin. Y como ya te lo estás imaginando, en su testamento dejo muy bien detallado el monto de dinero que me otorgaba. Como te anticipé, la cifra era de varios ceros.
   -Que suerte la tuya... ¿puedo preguntar qué hiciste con tanto dinero?, o quizás sea indiscreción...
   -No, por favor, estamos entre amigos, ¿verdad?, y por lo tanto no existen los secretos; sigo contando...entonces estaba cursando el último año de Literatura y apenas recibí el anhelado título, compré pasaje a Francia y allí comencé mi gira internacional.
   -¿Porqué dices internacional, visitaste muchos países?
   -Si, más de los que puedas imaginar, con decirte que estuve girando, cerca de cuatros años, a lo largo y a lo ancho de nuestro fantástico mundo.
   -¡Increíble!, bueno bueno, por lo visto tienes mucho que contarme. Mientras empiezas, prepararé algo de comer, ¿te parece?
   -Si, me parece buena idea porque así extenderemos esta interesante charla. Sabes como me gustaba  conversar contigo y reírnos de nuestras ocurrencias.

Victorino  la observaba detenidamente sin que ella lo percibiera porque estaba  de espaldas  preparando la merienda, y sus pensamientos vagaban por doquier.
Ella, se sentía nerviosa, alegre y emocionada por tan grata sorpresa. Habían cambiado tantas cosas durante ese tiempo sin verse ni comunicarse. La vida gira y cambia constantemente, tenemos muchas amistades, unas permanecen hasta la muerte y otras, como la de él, se esfuman un día cualquiera ignorando si habrá un futuro reencuentro.
Hubo un largo silencio acompasado por un fondo musical de Marradi que alcanzó brusca interrupción al aparecer en la cocina  una hermosa niña pidiendo galletas.
Él la miró con ternura y preguntó...

   -¿Quien es esta hermosa niña?
Ella respondió: -¡Oh... es mía!

Victorino asombrado, se turbó todo. En su mente surgieron incógnitas que deseaba despejar de inmediato. Aún no había salido de su asombro, cuando ella agregó...

    -¿Que te parece mi niña?....
    -Veremos, veremos- y dirigiéndose a la niña dijo...
    -¿Puedo saber tu nombre?
    -Si, me llamo Coral, porque me gusta mucho el mar, y vos ¿como te llamas?
    -Victorino, ¿te agrada mi nombre?
    -Es un nombre raro, ¿vos lo elegiste?
    -No, fue mi padre, pero te diré que tampoco a mi me gusta mucho, pero...
    -¿Querés que te elija uno mas lindo?
    -De acuerdo, ¿qué se te ocurre?
    -Antes tengo que saber que te animal te gusta.
    -Te diré que me gustan mucho los pájaros y en especial las palomas.
    -Entonces...ya está, puedes llamarte Palomo, ¿te gusta?
    -Me encanta, si, si, me lo quedo, gracias.

  Berenice deseaba continuar la conversación con su amigo y le da unas galletas a su hija, quien, sonriendo, se va para el interior de la casa.
Victorino no sabe como encarar la situación planteada, no obstante reconoce que debe hacer la pregunta que arde preguntar, opta por ser discreto.

    -Que desenvuelta tu hija, sin duda sale a la madre...
    -Yo diría que es muy parecida a su padre, sabes que yo soy más bien temerosa y más que más con extraños. Bueno, aquí tienes uno rico queso y unas rodajas de pan casero, espero que te gusten...
    -Pan casero y queso, que mejor comida, ya se me hace agua a la boca..., pero dime, ¿cuantos años tiene la niñita?
    -Veo que te quedaste encantado con ella, la verdad que es un amor, y con sus escasos cinco añitos da luz a toda la casa y a mi vida por supuesto.
    -Noto cierta tristeza en tus ojos, quizás...
    -Si...después que Ronaldo, su padre, nos abandonó, juntitas y muy unidas, afrontamos solitas todas las cosas, ahhhh...
    -Opa, me arrepiento el ser tan entrometido, cuanto lamento haberte molestado y ponerte así.
    -No, no hay problema, tarde o temprano, tendría que habértelo comentado, mejor así...bueno, me prometiste que me contarías sobre tus viajes por el mundo, soy todo oído...


Segunda parte

Con lujo de detalles, Victorino relató su experiencia como maestro rural, en un pueblito alejado en Normandía, en Francia; su romance pasional con una joven preciosa en Torre Molinos, en España; su curso de Historia del Renacimiento en Venecia; los más que interesantes paseos por Grecia con un amigo de aventuras que lo conoció visitando el Partenón, con quien recorrió varias semanas ese esplendido país. También la asombró al relatarle sobre su larga estadía en Tailandia, donde casi casi pasó a mejor vida, a causa de un accidente paseando en moto y...

    -Pará, pará, no corras tanto con tus anécdotas, no alcanzo a captar todos los detalles, esto es demasiado...tanto tiempo, tantos lugares, tantas vivencias, deberías recopilar todo escribiendo un libro, ¿no lo pensaste?
    -No creo que pueda interesar a muchos mis viajes, ¿te parece buena idea?
    - Me parece una excelente idea porque ello desarrolla la imaginación y permite que una también viaje a través de la lectura, las imágenes. En realidad, tienes mucha suerte, bueno...y dinero, jejeje... porque para viajar tanto hay que tener las dos cosas.  Yo en cambio, sigo enclaustrada en este sitio, viviendo el presente, recordando el pasado, lo bueno y malo que me ha ocurrido, superando el tremendo chasco que me lleve por eso de que ojos se ven pero corazones no. Mi vida es tranquila, armónica, reconfortante porque tengo esa hija tan bella que me llena de pucheros e ilusiones. Todo mi interés gira en torno a ella. Y tú... ¿tienes hijos?
    -No, ni siquiera me he casado, siempre libre y sin apuro. Aún no encontré mi media naranja; no se si ha sido culpa mía pero...así se han dado las cosas.
    -Siempre pensé que tendrías una familia con muchos chicos que revolotean por una casa grande...
    -Has visto, nada de eso, vivo en un departamento, sólo y sin ruido alguno, salvo la música de mi equipo sonoro.
    -¿Puedo hacerte un pregunta, un poco personal? Mientras esperaba respuesta. Berenice, dudó si habría exagerado un poco.
    -Adelante, pregunta, sin miedo alguno, ¿somos amigos, verdad?
    -Nada del otro mundo...sólo deseaba saber si has perdido las esperanzas, de encontrar quien te acompañe en tu vida...
    -Opa, opa...has tocado mi punto débil, ahora no me queda otra que confesarme; pues bien mi, te diré...he sido un soltero empedernido, amante de la libertad, sin ataduras ni compromisos. Pero ahora que empiezan a pasar los años encima, siento que algo me hace falta: el cariño y amor de una mujer, con las cuales, de paso, he sido muy selectivo. El amor llena, plena, se anhela, y como cosa curiosa, cuando lo añoro, pienso en ti, a pesar de los años sin vernos. Danzas en mi mente y ello me ha animado a venir a verte, ignorando con que me encontraría, al perder el contacto, sentí cierto temor pero me aventure y aquí me tienes...
    -¿Ello que significa?, ¿has regresado para ver como estoy?, ¿me has recordado siempre?, ¿ha prevalecido el símbolo de nuestra amistad?... y ahora que estas aquí, ¿que sientes?, ¿que piensas?, ¿qué te domina? Te voy hacer una confesión, siempre me gustaste, pero no te lo podía decir. Me emocionaban tus postales enviadas desde cualquier sitio que visitabas, con sus bellos mensajes con casi una declaración de amor y me confundías cuando me visitabas en tus vacaciones universitarias.  ¿Recuerdas?, nos sentábamos al frente de la casa en las sillas de cuero y conversábamos tanto pero nada decíamos de lo que sentíamos por dentro. Pensaba que a lo mejor considerabas que debería existir más tiempo para conocernos más y me empecé a desilusionar, me cansé de tu timidez y por eso te hice el desaire en aquel cumpleaños mio, el dieciocho, haciéndote creer que mi amigo Wilfredo era mi novio.
Recuerdo que te fuiste insofacto, en ese momento de ofuscación no aprecié si te hice daño verdaderamente; lo que si recuerdo es que no volviste nunca más y que me enviaste varias postales, incluso la última preguntando la razón de mi silencio, y no te conteste nada.
Cuando jóvenes somos impetuosos e ignoramos si de verdad herimos a los demás. Es al paso del tiempo y la acumulación de la experiencia, que vamos aprendiendo y cambiamos de actitud, tratando de aminorar por ejemplo, la imprudencia.
¿Quieres que te revele un secreto?... aun conservo tus ultimas postales, están entre mis hemerotecas, amarillentas, olorosas a naftalina...

Victorino, la observaba tranquilo y pensativamente y entonces rompió el silencio al ver que ella detenía su charla...

    -Debo ser sincero contigo,  nuestra vieja y latente amistad así lo exige, pues podría contarte un y mil motivos, pero.....hace unos días algo trabó mi mente, no supe explicarlo entonces...tu rostro alegre y juvenil ocupó de improviso mi mente, pensamientos revolotearon...- Mientras hablaba, medía sus palabras, no deseaba ser mal comprendido-, todo ocurrió durante una reunión en casa de unos amigos, charlábamos de distintos temas, sobre viajes y paseos que realizamos juntos, hasta que Juancho, mi gran amigo de aventuras, largo al aire un idea, que nos asombró a todos los allí presentes, nos proponía un zafarí al África, específicamente a Botsuana, pues allí tenía un amigo que se especializaba en organizar grupos para tal fin; estuvimos un rato emitiendo opiniones, tiempo del viaje, etc, etc; y desde aquélla reunión, no saliste de mi cabeza. Bueno, ahora, ya no es misterio, como ves todo tiene su explicación. Estoy aquí, frente a ti, y ansío escucharte, ¿que te parece la idea de acoplarte al grupo?
    -Sin pensarlo, te respondo en forma negativa. Aunque me gusta viajar, ahorita no estoy en condiciones, primeramente, porque no puedo dejar a mi hija, y ese viaje no es apropiado en caso de querer llevarla. Resume peligros al que no estoy dispuesta a someterla, aparte de las incomodidades que acarrearía para ambas. Así que me alegra mucho la idea de  tomarme en cuenta, de  pensarme,  de invitarme, pero ante tu decisión y vida peregrina se refleja tu gran felicidad en contraste con la intencionalidad de la mía que es tranquila, aferrada a mis raíces que puedo abandonar pero no por mucho tiempo.
    -Me suponía que tal sería tu respuesta, la comprendo, pero...no quise abandonar mi deseo, antes de explicarlo- el rostro de Victorino reflejaba una triste desilusión, no obstante trató de salir del paso. -perdóname que insista...tal vez existe la posibilidad de dejar a tu querida hijita al cuidado de su abuelita, ¿podría ser?, siempre y cuando tu desees hacerte esta escapadita aventurera...
    -Nunca me ha gustado dejar mi niña bajo la responsabilidad de otra persona, menos de la abuela que ya no está para esos trotes, pero pensándolo bien, allá está mi hermana menor quien tiene veinte años. Podría asomarla la inquietud a ver si como respuesta me da una posibilidad que me caería de perlas porque necesito de verdad un relax. Luego te aviso.

Después de llamar por teléfono a  su hermana y madre, supo que podía contar con ellas. Es más, se alegraron por la solicitud y noticia; y ello permitiría cambiar de actividad y entretenimiento por la  vida rutinaria que lleva  entregada solamente al trabajo y a su hija. A lo mejor ese cambio le sentaría bien en muchos sentidos. Entre dudas, susto, emoción, e inquietudes, llamó a Victorino.
Las manos le temblaban.

    -Alo, alo, ¿Victorino?
   -Si a la orden.
   -Soy Berenice...
   -Ahhh... si... ¡que grata sorpresa!, -silencio corto- ... ¿qué has decidido por fin?
   -Logré que mi madre y hermana se queden con la niña. Estoy dispuesta a viajar contigo.
   -Eso si que es un notición...- en su voz era posible sentir su entusiasmo- estoy más que contento, mi querida amiga, ¡¡la pasaremos a las mil maravillas!! Será un vivencia que nos permitirá conocernos un poco más, no salgo de mi asombro....si me vieras....estoy saltando de alegría....

La conversación duró un largo rato...intercambiaron preguntas, concretaron detalles. Ambos reconocieron que el destino les preparó este regalo y decidieron recibirlo con las manos abiertas.
El presente les brinda una óptima oportunidad y el futuro tiene la última palabra que seguramente, sera favorable como justo premio a tan larga espera.


||||||||||***|||||||||

Autores
*Trina Mercedes Leé Montilla de Hidalgo (Venezuela)
*Beto Brom (Israel)

|||||

*Registrado/Safecreative N°1601086202518
*Imagen de mi autoría (Beto)

*Música de fondo: Romántico For You/Giovanni Marradi