lunes, 24 de noviembre de 2014

Naturaleza versus romanticismo





(imagen de la Web)



1ra. Parte 

Me dejé convencer. Me pareció un poco reiterativo el negarme nuevamente al paseo. - ¿Nos encontramos a las siete y media cuando yo salgo del laboratorio? - Escuché su pregunta por el teléfono y no atiné a defraudarla. -De acuerdo, te esperaré en la puerta de entrada del edificio.

Éramos novios, según su concepto, desde hace unos meses. Excelente persona, muy de familia, pero no cubría todas mis pretensiones. No existía mayor suplicio para mi gusto, que estar rodeado de naturaleza; suficiente razón para odiar los *paseos por el parque*. Mi noviecita venía insistiendo desde ya varios días con su necesidad, según sus palabras, de pasear, estirar un poco los huesos y tomar aire fresco; - Muy saludable, especialmente a las horas del atardecer - decía, tratando de convencerme.
Aquella tarde, el tiempo reinante no mostraba buena cara. El viento habitaba entre los árboles, soplaba entre las hojas como obligando a escuchar su sonido. Las farolas, ya encendidas, exhalaban amarillentas sombras que no distinguían su final. Todo anunciaba un desenlace no previsto. Nos sentamos en un banco frente a una destartalada glorieta que daba pena y lloraba su apariencia. No mostré en lo más mínimo mi estado interior. Escuchaba los comentarios sobre los progresos de la investigación que ella realizaba sobre ciertos insectos, en el laboratorio de la Universidad, y en el momento que me consultó por qué estaba tan callado, escuchamos un chasquido entre la maleza. Me puse de pie al instante. 
- ¿Y eso qué fue? ¿Escuchaste? 
- Seguramente una ardillita o un gato, quedate tranquilo.

Ella no dio importancia alguna al ruido. Y continuó con sus relatos. Podría ser que mis temores serían infundados, frutos de mi imaginación. Pero al apagarse los faroles en forma repentina, el asunto ya cambió. La tomé de la mano y sugerí buscar la salida. 
-¿Qué apuro tenemos? ¿No es más romántico en la oscuridad? ¿Cuál es tu temor? Noto que estás temblando. Quise explicarme:
-De niño, cierta vez me perdí en un bosque, la pasé muy mal, me quedaron malos recuerdos; no lo tomes a mal, preferiría volver, no me siento cómodo. Quiero que me entiendas, no es por tu culpa, soy yo. 
-Mi querido, ven que te abrazo, quizás ayude a consolarte . . . No terminó de pronunciar sus románticas palabras, cuando un grito llenó la inmensidad del parque. Mi temor se transformó en miedo, no sabía a que atenerme. 
-¿Qué es ese grito? Alguien está pidiendo ayuda ¿Qué podemos hacer? - exclamé en un estado de desesperación, no me podía controlar. 
-¡Vamos! Escapemos de aquí, algo raro pasa . . . las luces y ahora los gritos ¡Vamosssss! 
En pocos segundos las luces volvieron a dar vida al atardecer ya casi extinguido. 
-Viste cobardón que no fue nada. ¿Qué estabas contando?

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 Buscando la mirada que me salva aún trato de escapar de una y mil formas. No quiero darme cuenta que la vida es algo más que pétalos de rosa. (*)

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 2da. Parte 

Así pasó ese momento, para ella feliz para mi terrorífico. La dejé en la puerta de su casa y decidí entonces que me hacía falta despejarme un poco y caminando pausadamente me dirigí a la cafetería. Aquel, fue uno de esos días en que el otoño se me impregnaba en la piel, las hojas caían sobre mí, mas no resbalaban, se adentraban, me consumían. Me reclamaban ¿Qué pasó? ¿En dónde te perdiste? No lo sabía, debía averiguarlo. Entré y vi que la barra estaba llena, pero logré encontrar un hueco. Yo miraba de vez en cuando alrededor, expectante, con disimulo. Comencé a divagar, buscando si tenía un presente o si mi presente era el fin. Como dije, no lo sabía, pero sí sabía que el miedo me paralizaba y que no podía seguir así, debía buscar una solución. Quizá escaparme de mí mismo o del lugar. Pero no, ella no tenía la culpa; debía ser sincero y decidirme qué es lo que quería hacer, quedarme con ella o no. Y también debía enfrentar mis miedos. Nunca podría olvidar ese horroroso día cuando tenía apenas 8 años... habíamos ido al bosque con mis primos; ellos eran más grandes que yo. De pronto, es como si no hubiera pasado el tiempo. Todo el pasado regresa y se hace nítido, palpable . . . “Me perdí, Vengo caminando por el parque. Rápido. Siento algo que se desplaza por un lado del camino. La tarde oscurece y la visibilidad disminuye. Decido avanzar más rápido y llamo a mis primos por sus nombres... no hay respuesta. Acelero el paso para alcanzar la vereda por la cual se sale del parque, lleno de árboles altos, arbustos tupidos y escondrijos entre sus ramas. Ya casi alcanzo la salida y la oscura presencia se abalanza sobre mí. Salgo ileso, aunque el corazón parece saltárseme del cuerpo. Sólo sé que corro, que corro con miedo, que corro donde creo que estaré a salvo. No sé cuánto dura, hasta que de pronto . . . me choco con mis primos. Ahora sí estoy a salvo. Me siento seguro. Hay viento. Las nubes avanzan detrás de otras nubes. Pero para mí es como si hubiera salido el sol”. 
Pienso: últimamente me he estado comportando bastante paranóico. Quizá el haber ido hoy con ella al bosque me sirvió de cura, ya no debo tener miedo. Salgo del bar decidido, mañana la invitaré a ir al parque. Sé que adora ir allí y más en esas tardes melancólicas por la lluvia como promete ser el día siguiente. Será un día especial, conversaré con ella y le diré qué tengo pensado hacer con mi futuro y el suyo. Sé que no me arrepentiré porque con el tiempo . . . 


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 “Derrotaremos juntos la angustia del silencio engendraremos hijos que nunca tendrán miedo capaces de conquistar con amor el universo”.

(*) (*) JOSÉ RAMIRO FLOREZ MÉNDEZ

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 Primera parte: Beto Brom (Israel) 
Segunda parte: Ana María Hernáez – Q.E.P.D. (Argentina)

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*Registrado Safecreative
*Música de fondo: F. Lizt / Consolation N°3